Lunes 22.03.2010
| Actualizado 09.55
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| Dacosta, izquierda, con Meira, Fernández, Pérez, García, Blach, Costas y José Manuel Crujeiras, ayer en el aeropuerto de Peinador FOTO: Ramón Escuredo |
Son de otra pasta. Lo dejaron patente ayer nada más pisar tierra en el aeropuerto de Peinador los ocho tripulantes gallegos del atunero Alakrana, que tras pasar 47 días secuestrados, padeciendo una situación "superextrema", sometidos al terror de sus captores y a "toda clase de humillaciones", no pusieron ningún reparo en agradecer a coro las gestiones para su liberación del Gobierno español, la Xunta, la Audiencia Nacional, los ayuntamientos y su armador, Kepa Extebarría, pero ante todo la lucha de sus mujeres. Lo dijo con lágrimas en los ojos, sin ocultar la emoción, Secundino Dacosta. "Estamos muy agradecidos a nuestras familias y a nuestras mujeres, que han trabajado al cien por cien y ha sido las verdaderas artífices de la liberación".
Recibidos a pie de pista por las familias que desde primera hora de la mañana esperaban en Peinador la llegada del avión fletado por la Xunta de Galicia, se emocionaron al escuchar el incontenible aplauso de sus seres más queridos. Allí estaban también el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijóo; el delegado del Gobierno, Antón Louro, y el conselleiro de la Presidencia, Alfonso Rueda.
A diferencia de sus compañeros vascos, los tripulantes gallegos comparecieron ante los medios para dar una breve pincelada de la "terrible y muy desagradable" situación vivida. "Es prensa para toda España ¿no?", interrogó el patrón Ricardo Blach para "no contestar sólo en gallego", antes de aclarar que ha sido "terrible" tanto el secuestro, como toda la "estancia" y el momento final de la liberación.
Blach relató que entre los momentos de gran tensión figura el momento de la liberación por la advertencia realizada por sus propios secuestradores de que podían volver a ser capturados por otras bandas que ya merodeaban en torno al atunero. "La liberación fue de nervios, de temor y desconfianza total, porque cuando estaban a punto de liberarnos había otro barco, con otra banda, y los piratas nos dijeron que tuviéramos cuidado porque cuando nos liberaran nos iba a intentar coger el otro grupo. Yo ya había avisado a la fragata y a los helicópteros para que estuviesen pendientes. Nada más saltar el último pirata les llamamos, vinieron. Nos han protegido muy bien. Nos han acompañado día y noche, por eso damos gracias también a la Armada".
··Los ocho tripulante coinciden en que su único deseo para los próximos días, a la espera de ser convocados el miércoles por el juez Santiago Pedraz, es "estar con nuestras familias". Aseguran que ahora "necesitamos paz y tranquilidad" porque anticipan que habrá tiempo para relatar lo ocurrido .
·· Blach insiste en que aunque toda la tripulación vivió momentos dramáticos, durante el secuestro la marinería tenía posibilidad de ir al servicio y a la cocina, mientras que él y el capitán dormían en el suelo y durante todo el día les obligaban a estar sentados en una silla. "Fue un sacrificio total".