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Los niños pequeños usan la física, no recompensas previas, para aprender sobre herramientas

E.PRESS. MADRID  | 26.02.2018 
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Los niños de apenas siete años aplican leyes básicas de la física a la resolución de problemas, en lugar de aprender de lo que previamente les había llevado a una recompensa, sugiere una nueva investigación de la Universidad de Cambridge, Reino Unido.

Los hallazgos del estudio, basado en la fábula de Esopo del cuervo y la jarra, ayudan a resolver un debate sobre si los niños que aprenden a usar herramientas realmente están aprendiendo acerca de la causalidad física o si simplemente están motivados por las acciones que anteriormente llevaron a un objetivo.

Aprender sobre la causalidad, sobre las reglas físicas que rigen el mundo que nos rodea, es una parte crucial de nuestro desarrollo cognitivo. A partir de nuestras observaciones y el resultado de nuestras propias acciones, construimos una idea, un modelo, de qué herramientas son funcionales para determinados trabajos y cuáles no.

Sin embargo, la información que recibimos no siempre es tan directa como debería ser. A veces las influencias externas significan que las cosas que deberían funcionar, no lo hacen, y del mismo modo, a veces las cosas que no deberían funcionar, lo hacen.

La doctora Lucy Cheke, del Departamento de Psicología de la Universidad de Cambridge, en Reino Unido, señala: "Hay que imaginarse una situación en la que alguien está aprendiendo sobre los martillos. Hay dos martillos que están probando, uno de metal y otro inflable. Normalmente, el martillo de metal clavará con éxito un clavo en un tablón de madera, mientras que el martillo inflable rebotará inofensivamente.

"Pero ¿qué pasaría si tu única experiencia con estos dos martillos fuera tratar de usar el martillo metálico y perder el clavo o usar el martillo hinchable para empujar con éxito el clavo dentro de un gran orificio perforado previamente? Si te ponen otro clavo, ¿qué herramienta elegirías usar? La respuesta depende del tipo de información que hayas tomado de tu experiencia de aprendizaje".

En esta situación, explica, Cheke, un aprendiz preocupado por el resultado (un aprendiz de "recompensa"), aprendería que el martillo inflamable era la herramienta que daría éxito y optaría por usarlo para clavar más adelante. Sin embargo, un aprendiz preocupado con las fuerzas físicas (un aprendiz de "funcionalidad") aprendería que el martillo metálico producía una fuerza de percusión, aunque en el lugar equivocado, y que el martillo inflable no lo hacía, y por lo tanto optaría por el martillo de metal.

Ahora, en un estudio publicado en la revista de acceso abierto 'PLOS ONE', Cheke y sus colegas investigaron qué tipo de información extraen los niños de situaciones donde son observables las características físicas relevantes de una potencial herramienta, pero a menudo en desacuerdo con si el uso de esa herramienta en la práctica logra el objetivo deseado.

Los investigadores presentaron a los niños de 4 a 11 años una tarea a través de la cual deben recuperar una ficha flotante para ganar recompensas. Cada vez, a los niños se les presentó un contenedor de agua y un conjunto de herramientas para elevar el nivel. Este experimento se basa en una de las fábulas de Esopo más famosas, donde un cuervo arroja piedras en una jarra para llegar al agua.

LA INFORMACIÓN SOBRE LA RECOMPENSA NO ES UN PREDICTOR FIABLE
En esta prueba, algunas de las herramientas eran 'funcionales' y otras 'no funcionales'. Las herramientas funcionales eran aquellas que, si se dejaban caer en un contenedor estándar, se hundían, elevando el nivel del agua y poniendo la ficha a su alcance; las herramientas no funcionales eran aquellas que no lo harían, por ejemplo, porque flotaban.

Sin embargo, a veces los niños usaban herramientas funcionales para tratar de elevar el nivel en un contenedor con fugas: en este contexto, el agua nunca se elevaría lo suficiente como para que la ficha estuviera al alcance, sin importar cómo de funcional fuera la herramienta utilizada.

En otros momentos, los niños tuvieron éxito en recuperar la recompensa a pesar de usar una herramienta no funcional; por ejemplo, cuando se usa un contenedor de agua que se llena por sí mismo a través de un tubo de entrada, no importa si la herramienta funciona o no, ya que el agua está subiendo de todos modos.

Después de estas sesiones de aprendizaje, los investigadores les presentaron a los niños un contenedor de agua "estándar" y una serie de opciones entre diferentes herramientas. A partir del patrón de estas elecciones, los científicos pudieron calcular qué tipo de información era más influyente en la toma de decisiones de los niños: recompensa o función.

"Un niño no tiene que conocer las reglas precisas de la física que permiten que una herramienta funcione para tener la sensación de si debería funcionar o no --dice Elsa Loissel, coprotagonista del estudio--. Entonces, podemos ver si la toma de decisiones de un niño se guía por los principios de la física sin requerir que comprendan explícitamente la física en sí misma.

"Esperábamos que los niños mayores, que podrían tener una comprensión rudimentaria de las fuerzas físicas, pudieran elegir según la función, mientras que los más pequeños usarían el enfoque de aprendizaje más simple y basarían sus decisiones en lo que se había recompensado previamente", agrega Cheke. "Pero esto no fue lo que encontramos", afirma.

En cambio, los científicos demostraron que la información sobre la recompensa nunca fue un predictor fiable de las elecciones de los niños. En cambio, la influencia de la información de la funcionalidad aumentó con la edad, siendo esto a los 7 años la influencia dominante en la toma de decisiones.

"Esto sugiere que, notablemente, los niños comienzan a poner énfasis en la información sobre física frente a la información sobre recompensas anteriores desde los 7 años de edad, incluso cuando estos dos tipos de información están en conflicto directo", concluye.