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"Las palabras del cielo", un libro para observar de otra manera el firmamento

MADRID. EFE  | 13.06.2017 
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Arcoíris, Ceres, galaxia o luz son palabras que vienen del cielo, pero no solo; también lo son abrigo, astrocito, cereal, fósforo o siesta, señala el astrónomo francés Daniel Kunth, quien acaba de publicar "Las palabras del cielo".

Este libro de 151 páginas (editorial Gedisa) mezcla ciencia y lingüística, y rebusca en el origen de los términos y en la razón de su existencia, explica a Efe su autor, quien asegura que cuando empezó nunca se imaginó que "había tantas palabras en el cielo".

Kunth, del Instituto de Astrofísica de París, une en esta travesía etimológica-científica curiosidades históricas, anécdotas, pasajes literarios y ciencia para ayudar a conocer y comprender la mitología del universo y los orígenes de nuestro lenguaje cotidiano.

Y es que expresiones como remover cielo y tierra, caer del cielo, un ave nocturna, salir volando como cometa, luna de miel, vivir en la luna o nada nuevo bajo el sol tienen "sus raíces" en el cielo.

"El cielo nos ha inspirado cientos de palabras y las hemos manipulado o relegado a un uso más alejado del que eran portadoras", apunta este científico, quien comenzó a recopilar palabras en 1991, cuando preparaba sus talleres e iniciativas de divulgación científica, como el festival de la "Noche de las estrellas".

"Yo soy astrónomo, pero se trata de una actitud ante la vida: conocer y aprender", eso es lo que está detrás de este libro.

La primera palabra que le llamó la atención fue canícula, que deriva de canis, perro, y hace referencia a la estrella Sirio, "la ardiente" y la más brillante de la constelación Can Mayor.

Los egipcios comenzaban su año cuando Sirio se hacía visible en el cielo, justo al amanecer del día, lo que en esa época sucedía al inicio del verano. Los romanos conservaron la idea de calor e imagen del perro para forjar la palabra canícula que designa las temperaturas estivales excesivas (en la mitología griega Sirio es la pequeña perra que acompaña siempre al cazador Orión).

También le gustó siesta: término español importado a otros idiomas, apunta Kunth en el abecedario incluido en su libro.

Para los romanos, mediodía, la hora más cálida del día, se llamaba "sexta hora" y los españoles, describe este científico francés, la juzgaron muy propicia para el descanso y evitar el calor, para tomar la "siesta", literalmente "hora sexta".

Para este investigador hay palabras con una vinculación con el cielo más evidente y otras menos, "eso es lo fascinante".

"Hace más de 20 años me interesé por la lingüística después de conocer estos ejemplos, y las palabras son como champiñones: aparecen una detrás de otra", relata este astrónomo, experto en la formación y evolución de galaxias e investigador también en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas francés (CNRS).

Kunth, quien apunta que seguramente se encontrará vida en otros planetas si se repiten las condiciones (habla de vida elemental), elige entre todas las palabras recopiladas en esta obra deseo, del latín 'desiderare': dejar de contemplar la estrella.

El libro, ilustrado, cuenta con los prólogos del astrofísico canadiense Hubert Reeves y del científico español Jorge Wagensberg.EFE