Domingo 07.02.2010
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Galicia » Galicia ambiental| noticias@galiciaambiental.org
Los responsables de ADEGA (Asociación para a Defensa Ecolóxica de Galicia) y un segmento de la plataforma de la que son miembros y parte “dominante” se despachaban a gusto contra FEGAMA (Federación Galega de Medio Ambiente) tras haber tenido esta la osadía de optar a subvenciones (convocadas a través del DOGA) de la Consellería de Medio Ambiente y, a su vez, la acusaban directamente de ser una organización cercana al PSdeG-PSOE y al sindicato Unións Agrarias.
La batallita tiene más de escena de celos que de crítica fundamentada y no resiste un mínimo análisis o comparación: ADEGA viene recibiendo una cantidad importante (en número y volumen) de subvenciones y ayudas, sin mediar concurso público alguno, de consellerías afines al BNG: Industria, Medio Rural, Vicepresidencia… para acciones análogas a las subvencionables por la orden de Medio Ambiente. Ayudas adjudicadas sin que mediasen, en su mayoría, “concurso de méritos” alguno (es decir, “a dedo”) al contrario de lo ocurrido con las denunciadas. Respecto a la acusación de “cercanía política” a los socialistas, más de lo mismo, suena a chiste malo en boca de quien forma parte (legítimamente) de la estructura sociológica y hasta asociativa del BNG (y vaya si se nota en sus críticas o denuncias contra departamentos de la Xunta, dependiendo de si se trata de un Conselleiro socialista o nacionalista).
Esta ADEGA dista cada vez más de aquella que idearon nombres tan relevantes como Domingo Quiroga, Xosé Luis Fontela, Xosé Luis Rodríguez, González Laxe, Ramón Varela o Manuel Soto. Es impropio y reprobable este comportamiento tan animal de marcar el territorio para que nadie penetre en él y agredirlo en el caso de que lo haga. No es admisible este reiterado intento por “patrimonializar” el ecologismo gallego.
En el plano práctico, Galicia y su medio ambiente necesitan, hoy como nunca, organizaciones abiertas al consenso, a la negociación y al acuerdo y no parece que esa sea la actitud en aplicación (plan acuícola, plan eólico, caza…asuntos en los que, de tanto oponerse sin concesión alguna, han facilitado el triunfo de las posturas menos cercanas a sus postulados). El recientemente aprobado Plan de Gestión del Lobo es un buen ejemplo: consenso, reducción de la crispación social, esfuerzo común…son algunas de las recetas de la organización, buenas intenciones que luego contradice con desparrames verbales e incontinencias como la que motiva este artículo.
No es admisible este reiterado intento por patrimonializar el ecologismo gallego, como no lo son las furibundas y manipuladoras reacciones de algún segundón cuando lee opiniones distintas a la propia. El respeto a las opiniones ajenas es una virtud, habitualmente sólo alcanzable por los inteligentes.
