BENITO GARCÍA - SANTIAGO
Mientras la zona alta y media de la cuenca del Ebro amenazaba inundaciones, Barcelona está a punto de decretar estado de emergencia por la sequía y en Levante empiezan a temerse lo peor.
La Ciudad Condal comienza a analizar propuestas, las dos más socorridas tienen un tufo a oportunismo que impresiona: buques cisterna desde las desalinizadoras de Almería (los costes de trasporte ponen el agua a precio de petróleo y las emisiones de CO2 se disparan en el proceso industrial y como consecuencia de su transporte) o el trasvase del Segre, afluente del Ebro (¿en qué quedamos, sí o no a los trasvases?).
Habría que recordar una vez más que el gobierno actual derogó (sin proponer alternativa alguna) el Plan Hidrológico sólo para contentar electoralmente a una parte de Aragón y Cataluña y a otra de movimientos “conservacionistas”. En Cataluña una de las propuestas “alternativas”, además de las desalinizadoras eternamente en obras, fue en su momento la realización de un trasvase (compra de agua) desde el francés Ródano. Como si no fuera suficiente con la dependencia energética, ahora también la del agua.
Ahora el tripartito pide trasvase desde el Segre (zona alta) y dice que esto “estaba hablado” con el Ministerio pero se “dejó correr” por aquello de las elecciones. Los últimos, claro, lo desmienten… pero casi nadie cree ya ni a unos ni a otros.
Más allá de la segura necesidad de “adecuar” aspectos del tan manido Plan Hidrológico Nacional, la señora Narbona y el señor Zapatero se limitaron a poner sobre la mesa un compromiso de derogación sin alternativas, o en el que las alternativas se están demostrando poco efectivas y costosísimas (ello por no citar la situación de enfrentamiento entre territorios que se fomentó con esa actitud). Se tiró otra vez del “mensaje progre” y oportunista, del mensaje facilón y electoralmente conveniente.
Hoy España sigue igual o peor que hace ocho años, el agua sigue sin ser un bien de todos.
Durante este lustro se ha fomentado el debate sobre el Plan Hidrológico al tiempo que se hurtaba a la sociedad análoga medicina para cuestiones inaplazables: energía nuclear, inminente fin del “precio político” de la electricidad, sostenibilidad de las actividades en el medio rural y abandono de este, etc. Durante este lustro el Presidente del Gobierno ha hecho suyas un conjunto de ideas que más que sensibilidad demuestran, en muchos casos, sensiblería y pocas soluciones en cuestiones ambientales.
Y al hilo de esta cuestión seguimos sin asistir a los “múltiples” avances anunciados por la Ministra en materia de depuración y potabilización de aguas o a los “resultados” del I+D+i promovidos por su departamento. Mientras países como Israel han optimizado sus desalinizadoras, aplican sistemas como la depuración con luz ultravioleta, cuentan con efectivos sistemas de tratamiento en cloaca mediante anillos de bacterias… empiezan a hacer realidad la histórica frase del primer ministro de Israel David Ben-Gurion “haremos florecer el desierto”.
En muchos lugares de la península vamos camino de hacer desérticas hasta las parcelas floridas del Baix Llobregat.