Jueves 26.02.2009
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Galicia » Galicia ambiental| noticias@galiciaambiental.org
En palabras del Comisario de Medio Ambiente, Stavros Dimas, el asunto es más grave si cabe por ser España “un estado miembro donde el agua es un recurso escaso y precioso”. Tras la publicación de la noticia, gobierno central y autonómico aplicaban paños calientes a la información, tratando de hacer ver que “muchos de esos casos están en vías de solución”.
La situación denunciada por la Unión Europea no sólo no se ajusta a la realidad española, se queda muy lejos de una realidad mucho más penosa. La gestión de las aguas residuales ha sido siempre un asunto al que España ha prestado escaso o nulo interés. Y para no ser menos, Galicia ha tenido en este campo la peor de las gestiones ambientales imaginables: dado que además de las escasas depuradoras construidas, la
mayoría son ineficientes o incapaces de tratar el caudal generado en época de lluvias o por incrementos de población.
Entre las ciudades, Coruña, Santiago, Ourense, Ferrol, Lugo y Vigo siguen incumpliendo la normativa específica de ciudades… todas con depuradoras en trámite, algunas desde hace una década. Entre los municipios de más de 10.000 habitantes la lista negra se “llena” con algunos nombres a la cabeza: Carballo, Arteixo, Teo, Fene, As Pontes o Santa Comba. Pero la lista de la Unión se podría completar con decenas de municipios a los que, en pasadas legislaturas, se dotó de depuradoras que cuando caen cuatro gotas se ven saturadas o por otros que mantienen sus depuradoras inactivas desde hace meses o años, por falta de recursos para su reparación o mantenimiento.
En el lugar más escandaloso, y en el que las autoridades municipales no pueden echarle la culpa a la Xunta o a papá Estado, se encuentran municipios que han permitido espectaculares crecimientos urbanísticos sin las adecuadas infraestructuras y servicios esenciales, adaptados a ese crecimiento poblacional. Son claros ejemplos los de Cambre, Culleredo y Oleiros y sus decenas de puntos de vertidos de fecales a la Ría de O Burgo a través de canalizaciones de pluviales o los que, como Foz, vierten a la ría directamente todos sus detritus durante el estío, como consecuencia del incremento poblacional del verano.
