Ocurre, por ejemplo, con el cambio del tipo de carbón que utilizan las térmicas españolas (procedente de Sudáfrica en su mayoría), menos contaminante y con igual o mayor potencial energético. Una de las principales ventajas que se le atribuyen es un nivel mucho menor de emisiones de CO2 a la atmósfera tras su combustión.
La realidad pone en duda la “información interesada”. Lo que realmente reduce las emisiones es la mejora de los procesos productivos, la inversión en sistemas de filtración o la aplicación de medidas correctoras eficaces.
La razón del cambio de combustible obedece simplemente al agotamiento de los yacimientos nacionales y el alto coste de extracción de los existentes. En cuanto a las emisiones de CO2, la hipotética reducción queda anulada por el transporte en barco hasta los puertos y de aquí en camiones hasta las centrales térmicas.
Para poner la puntilla a las supuestas bondades del cambio, esta semana saltaba una noticia: un informe de la ONU, filtrado al diario The Guardian, pone en evidencia que las emisiones de dióxido de carbono de la flota mercante mundial son tres veces superiores a lo que hasta ahora se creía (1.120 millones de toneladas/año, el 4,5 % del total de CO2, cuando el Panel Intergubernamental sobre el cambio Climático las tenía fijadas en menos de 400 millones). Los datos son incontestables: la fuente es la propia industria petrolera y las navieras de la Organización Marítima Internacional. La unión europea no había incluido hasta la fecha al transporte marítimo en su mecanismo de canje de emisiones, algo que ahora deberá corregir de inmediato.
La noticia pone de manifiesto la necesidad de que todos los medios de transporte afronten el cambio urgente de motores y carburantes, para hacer frente a una escalada que parece no tener fin (el mismo estudio revela una tendencia de crecimiento de estas en un 30 % de aquí al 2020).
Deja también en evidencia a los que utilizan los argumentos ambientales de forma parcial, a favor de intereses particulares. La suma es lo que importa, y en el caso de las térmicas la suma del CO2 emitido por la quema de carbón y el transporte hace de este un sector a vigilar, por poco sostenible.
Galicia es, también en este caso, protagonista directo de la lucha contra el cambio climático. Es una obligación mejorar los controles de calidad del aire, pero también contribuir a esa mejora de combustibles y motores. Más I+D+i y menos “dejarse llevar” por anuncios de veleidades ambientales que, al final, ni lo son ni lo parecen.
ecoCONSEJO
Los interesados en conocer más sobre emisiones de CO2 y particularmente sobre como compensar al medio ambiente, cada uno de nosotros, nuestra participación en la contaminación del aire, una recomendación en la red: http://www.ceroco2.org /Compensar/default.aspx