Unas “demuestran” con cifras sus altas tasas de ahorro de emisiones de CO2, otras encuentran un lado positivo en el “reducido” impacto paisajístico, las demás hablan de ventaja comparativa.
En la mayor parte de los casos los argumentos científicos quedan solapados por los “voluntaristas” o filosóficos y cualquier planteamiento “posibilista” queda aparcado por los argumentos más o menos influidos por los extremos (o se está totalmente a favor o totalmente en contra: como con las piscifactorías, la caza, etc.); no hay lugar, en el argumentario de unos y otros, para el acuerdo, ni para la convivencia de sistemas, ni para el trabajo en común…
El ciudadano se ve así bombardeado por una retahíla de informaciones, anuncios, informes, estudios… en los que lo primero que sale a la luz es la contradicción en los argumentos o la comprobación, en el corto plazo, de que lo que hoy era excelente mañana no lo es tanto. Mientras las energías y combustibles tradicionales empiezan un lento pero costoso e inexorable, camino hacia su agotamiento. Las alternativas renovables aparecen en el mercado como el milagro, y a los pocos meses empezamos a conocer su “cara b” :entre otras la eólica con su impacto visual, la solar con los altísimos costes de extracción de silicio y de fabricación de placas, los biocombustibles con sus consecuencias de eliminación de bosques primarios para plantaciones o el impacto sobre el mercado de alimentación humana, la biomasa con su necesidad de altísimas subvenciones (como las demás) y falta de materia prima a precios competitivos (el transporte es caro y además emite CO2).
La administración mientras contribuye más bien poco a aportar mesura y aportar un sentido crítico al ciudadano, renunciando a realizar una tarea de vigilancia y planificación sobre algo tan importante como nuestro futuro energético. Los anuncios “a bombo y platillo” de soluciones milagro son el “pan de cada día” de los gobiernos en materia energética pero ocultando siempre la “cara b”.
Ahora el milagro inmediato es el hidrógeno, ¡vaya novedad!: al día siguiente de la muerte del dictador Francisco Franco, y precisamente como consecuencia de ello, una noticia pasaba desapercibida en la prensa del día: EL HIDRÓGENO, LA ENERGÍA DEL FUTURO…
Según las autoridades de entonces, hoy estaríamos conduciendo coches con pila de hidrógeno, almacenando energía eléctrica como si de cocacola se tratase y mirando de soslayo ese líquido negro del que se extrae la gasolina. 32 años ¿investigando? alternativas energéticas.
El futuro energético parece algo demasiado serio como para que intentemos zafarnos de esta sensación de improvisación y continua “corrección”.
Tan importante como para no descartar un medio hasta que otro cubra, con garantías ambientales y económicas, las perspectivas de consumo y sus correspondientes políticas de reducción y ahorro.
ecoCONSEJO
Para aquellos que quieran saber más sobre energías renovables dos recomendaciones en Internet (nuestro ecoCONSEJO es que sigan el viejo principio de comparar: o lo que es lo mismo que no se queden con un sólo mensaje sobre la cuestión)