Desde la salida a bolsa de empresas de energías renovables, hasta la puesta en el mercado del mal llamado bio-diesel… pasando por la incómoda verdad de Albert Gore, los parques eólicos o los alimentos ecológicos. La necesidad de hacer más sostenible el uso de la naturaleza y los recursos viene provocando que, cualquier iniciativa o producto que lleve en su nombre alguna de las palabras mágicas (bio, eco, renovable, reciclado…) sea aceptada, en muchas ocasiones sin pararse a analizar en profundidad sus cualidades reales, su rentabilidad o si sus características responden realmente a esos criterios de sostenibilidad, en los que amparan su éxito comercial.
La tendencia a dar por bueno todo lo que suena a ecológico nos ha llevado a aceptar la implantación de iniciativas que luego resultan inviables económicamente, discutibles ambientalmente o injustificables socialmente.
Empresas “verdes” sobre-valoradas en las bolsas mundiales, agro-carburantes que provocan deforestación de bosques primarios, parques eólicos ubicados en muchos casos en lugares más que discutibles, alimentos que juegan irresponsablemente con el “bio” en sus etiquetas… son también una realidad que discurre a la par y les perjudica a aquellos productos o servicios que si responden a criterios de sostenibilidad o producción ecológica.
Sólo un compromiso de vigilancia por parte de las administraciones y la creación de una sociedad crítica e informada evitará nuevos episodios de esa demagogia verde, de la que por cierto tanto uso hacen algunas organizaciones que, extendiendo un manto de duda sobre todo y sobre todos (criticando y denunciado hoy una cosa y mañana la contraria), hacen que el ciudadano acabe por no creerse nada.
ecoCONSEJO
Por responsabilidad y por economía el ahorro en el consumo de agua en el hogar es una responsabilidad individual, para ello es recomendable: limitar la presión e instalar difusores, cerrar bien el grifo y cambiar las juntas si se perciben pérdidas, utilizar los electrodomésticos a plena carga, instalar doble pulsador en las cisternas y sustituir el baño por la ducha. La aplicación de estas sencillas medidas supone ahorros de más del 50 % en la factura.