BENITO GARCÍA - SANTIAGO
El problema es que, a tenor de lo leído, oído e incluso escuchado esta semana, parece que somos los únicos que lo valoramos positivamente.
Los pescadores, los agricultores, los ganaderos (al menos sus sindicatos) y las organizaciones ecologistas se han apresurado a calificar como una mala noticia la creación del que ya se conoce como MM3 (ministerio del medio al cubo). Los citados coinciden en que esta superestructura sólo servirá para que se diluyan los respectivos problemas de cada sector.
Para colmo de males la ministra se estrena (como en la anterior legislatura con la leche) poniendo su cara a un “muerto” dejado sobre la mesa, en este caso por su antecesora Cristina Narbona: el trasvase de agua del Ebro a Barcelona.
Más allá de cuestiones coyunturales y de las reacciones (bastante interesadas), a quién esto firma se le antoja una acertadísima decisión del Presidente del Gobierno la fusión en uno de los tres ministerios con competencias cruzadas y para nada antagónicas; por muchas y variadas razones, las mismas que hicieron que la Ministra de Medio Ambiente saliente, sólo fuese alabada por una parte (movimiento ecologista). Algunas posturas excesivamente fundamentalistas e intransigentes la llevaron a ganarse a este colectivo pero a enfrentarse abiertamente a los demás: cazadores, regantes, agricultores, ganaderos, pescadores, habitantes de la España seca, residentes en espacios naturales o protegidos… que vieron como, durante cuatro años, las políticas de este departamento situaban actividades tradicionales fuera de lo aceptable políticamente. Ganó la partida ese conservacionismo de salón, dominical y urbanita que ve el medio ambiente como una “foto-fija”.
Con el sector industrial, energético o turístico ocurría algo parecido: incumplimiento del compromiso de aprobar una Ley de Renovables, crecimiento desordenado de este sector, ocultación a la sociedad del debate sobre el futuro energético (especialmente en lo relativo al precio político de la luz y la dependencia energética como consecuencia del NO nuclear), falta de un criterio uniforme en materia de regulación de los límites en zonas costeras y mucho informe y marketing para la galería… Y en el culmen de la legislatura manifestación del mundo rural en Madrid contra su política (Ley de Biodiversidad negociada sólo con una parte y plagada de imposiciones e indefiniciones) y tragarse el sapo de decir si a un trasvase que, seguramente, no será el último.
Llega la “nueva” Ministra (por cierto que se da por seguro que estará acompañada en su travesía por alguno de los gallegos que deciden en materia ambiental, léase actuales responsables de Medio Ambiente; y es que salvo en el área de Avaliación Ambiental, la Consellería consigue llevarse bien con casi todos) llega, decimos dispuesta a demostrar que la gestión del Medio Ambiente, sin contar con los que viven en el medio de ese ambiente, tratándolos como medio ciudadanos ni contribuye a un buen ambiente (ya me sabrán perdonar el juego de palabras para explicar lo del nuevo MM3).