BENITO GARCÍA - SANTIAGO
Los partidos, salvo IU, han hurtado a los españoles el derecho a conocer los compromisos en esta materia.
Más allá de lo que queda escrito (programas electorales), los debates se han caracterizado por pasar de puntillas sobre este asunto y sus distintos aspectos de interés, especialmente de aquellos más “polémicos”: agrocarburantes, transgénicos, reducción de emisiones y especialmente energía.
Los próximos tres o cuatro años, que coinciden con la próxima legislatura, deben establecer el modelo energético que marcará a España, Europa y el resto de países desarrollados en las próximas décadas.
La filosofía está clara: “incrementar el peso de las renovables, abrir el debate sobre la energía nuclear, reflejar en la factura de la luz el coste real de producción, pacto energético y reducción de la dependencia exterior”.
En esta “reflexión” parecen estar de acuerdo casi todos, la cuestión ahora es pasar de lo filosófico a las políticas (y sobre todo a las propuestas y compromisos) prácticas.
Nuestros políticos estaban obligados a responder, y no lo hicieron, a una serie de interrogantes: ¿qué peso tendrá en la “cesta energética” cada fuente o materia prima?, ¿hasta dónde se está dispuesto a llegar en la reducción de las subvenciones a las energías renovables? (ayudas sin las que la mayoría hoy no subsistirían), ¿cuáles son las políticas de reducción del consumo que se articularán?, ¿cómo se rebajarán las emisiones de CO2 energético? (especialmente el vinculado a las centrales térmicas), ¿qué hacer con algunos aprovechamientos en centrales hidroeléctricas, en presas que apenas alcanzan para el suministro humano?, ¿qué Ley de Energías Renovables (de la que todos hablan y ninguno explica) proponen los partidos que concurren a las urnas de mañana?
De todas estas cuestiones la más polémica es, sin duda, la de la cesta energética o, lo que es lo mismo, el peso que cada fuente tendrá en la producción final. De este “mix” la cuestión de la energía nuclear es una prioridad para la mitad de los países de Europa occidental. España es un país dependiente energéticamente hablando, y el modelo actual no resuelve la situación, pero ni niega categóricamente (proponiendo alternativas) ni apuesta (responsablemente) por la energía nuclear.
En este sentido, los programas electorales nos dejan varios mensajes: no descartar las nucleares (CIU), reflexionar sobre la energía nuclear porque en Europa no se excluye y algunos países apuestan por ella decididamente (EAJPNV), diversificación energética y que la energía nuclear juegue su papel (PP), cierre de las centrales nucleares (IU), mantener la vida útil de las centrales y realizar un cierre ordenado (PSOE). Más allá del texto de los programas ha faltado debate, en un aspecto fundamental para el futuro de los españoles.
Se ha privado a los votantes de conocer cómo conseguirán llevar a cabo sus propuestas en materia energética. Muchas de las propuestas son, simplemente, contradictorias; otras muchas se enfrentan claramente a lo que ocurre en el resto de los países en similar situación a España… todo esto también se merece una reflexión.