Martes 17.06.2008
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Galicia » Galicia ambiental| noticias@galiciaambiental.org
El abandono de actividades tradicionales en Galicia ha sido la tónica general en los últimos años, ¿qué balance se hace desde Verdegaia de la situación del campo gallego en la producción alimenticia?
Dada la estructura del agro gallego en estos momentos, lo que es el sector agrícola de verdura no está muy industrializado pero sí que está sometido a los monopolios o a las presiones de las grandes distribuidoras de la alimentación que son las que en realidad marcan los precios. Además, el número de intermediarios que hay entre los labradores y el comprador final hacen incrementar el precio del producto de un modo exagerado sin que el primero reciba compensación de ningún tipo. La situación, hoy por hoy, es muy mala, fundamentalmente por esa disfunción entre el precio final y el dinero que recibe el labrador, que hace muy difícil tener un sueldo digno viviendo de la tierra.
Las propuestas de proyectos para reactivar la actividad en el rural, como por ejemplo la instalación de plantas de biomasa, parece que tampoco acaban de cuajar.
Estamos mirando la tierra como parcelas. Se dice: “vamos a intentar fomentar la economía en determinada zona” y para ello se piensa en una planta de biomasa. Pero realmente, ¿eso va a permitir facilitar unos ingresos económicos dignos a quienes viven en ese entorno o sólo a determinadas personas propietarias de esas parcelas de monte? Además, tampoco tenemos
muy claro que sea una buena opción coger esa biomasa y quemarla, cuando el suelo de Galicia es relativamente ácido y necesita materia orgánica para ser más productivo. Una combinación de biomasa para plantas comarcales o, incluso, para el propio consumo con una gestión maderera de calidad, ganadería extensiva en el monte, labores agrícolas tradicionales y turismo rural vinculado a la labranza sería más acertada.
¿Cuáles son los objetivos de las últimas actividades desarrolladas por Verdegaia en este ámbito?
Nos parece fundamental poner en contacto al consumidor y al campesino, parece que existe una especie de ruptura entre urbano y rural que no nos permite entendernos muy bien. Queremos promover ese contacto para que conozcamos los dos puntos de vista, para establecer lazos comerciales, iniciativas de consumo distintas, explicar o divulgar el tremendo beneficio ambiental que un agro sano y vivo tiene para el conjunto de la ciudadanía y avisar contra determinadas prácticas agrícolas o ganaderas que pueden ser muy peligrosas.
¿Cuáles son esos riesgos que existen actualmente en el campo?
Estamos perdiendo una enorme cantidad de saberes tradicionales, perfectamente válidos y actuales porque no hay un relevo generacional en el campo que permita mantenerlos. Otro peligro es la introducción de organismos modificados genéticamente, que no es una realidad aún en Galicia porque no está autorizada la plantación industrial de estos productos pero sí que
existen parcelas con plantaciones experimentales que son un peligro de contaminación y que abren la vía para que eso se autorice y se introduzcan las transnacionales, poseedoras de esas tecnologías y de las patentes de las semillas, y que empiecen a apartar las semillas de uso tradicional, gratuito y libre de intercambio entre labradores por otra vendida y patentada. Ese es un peligro brutal para la concepción del rural que aún queda en Galicia.
¿Cómo se consume responsablemente?
La gente que vive en el campo ya lo hace, en la medida en que produce mucho de lo que consume. La gente de la ciudad tiene que pensar en tres parámetros cuando se enfrenta a su consumo alimentario: uno la salud, otro llamémoslo “mochila ecológica” de ese alimento, me refiero a conocer todo el proceso que sufrió el alimento hasta llegar a su plato, y en tercer lugar
los envoltorios y adornos del producto. Si tenemos eso en cuenta y apostamos por un consumo de productos locales, que sean ecológicos y tenemos en cuenta el envase ya estamos haciendo mucho por el consumo responsable.
