Martes 17.06.2008
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Galicia » Galicia ambiental| noticias@galiciaambiental.org
Más allá de las primeras valoraciones, la nueva Xunta de Galicia deja en manos de la súper-cartera de Agustín Hernández las responsabilidades de Evaluación Ambiental: área que abarca temas tan complejos como la concesión de las Autorizaciones Ambientales Integradas (una suerte de “permiso de actividad” de cualquier tarea industrial que pueda tener un impacto sobre el medio ambiente). Completan las competencias aspectos tan trascendentes como la gestión de los residuos o las aguas interiores. Es una especie de “llave” para abrir o cerrar el paso a empresas y actividades, como la creación de parques eólicos. Esta misma Consellería tendrá bajo su paraguas el organismo autónomo Augas de Galicia o SOGAMA… ahí es nada. Para completar su “perfil” (los críticos dicen que para maquillarlo) se crea una Dirección Xeral da Paisaxe: lucha contra el feísmo, impacto ambiental, protección litoral, inspección y sanción, etc…
A quien esto escribe no le parece, a priori, ni bien ni mal (¿quizás todo lo contrario?). Por la contra sí parece todo un acierto el traslado a Medio Rural de la Dirección Xeral de Conservación da Natureza y, por tanto, de las competencias en materia de caza, pesca, Red Natura o espacios protegidos. Las actividades humanas en el espacio natural, el uso sostenible de los recursos, la protección no museística del territorio, la integración de los usos ya provechamientos son una misma cosa que, incluso el gobierno socialista de Madrid, reconocía explícitamente con la fusión de los ministerios de medio ambiente, rural y marino en su día.
Las gentes del campo deben ser y sentirse parte activa de la conservación de la naturaleza. Compartimos la opinión de los sindicatos agrarios y de organizaciones como la Federación Gallega de Medio Ambiente, en el sentido de reconocer que sin ellos, nuestro campo se parecerá más a ese cuadro colgado en la pared, desprovisto de cariño y respeto, al que sólo miran ciertos urbanitas que el fin de semana salen a hacer gala de un ecologismo falto de pragmatismo y alejado de la realidad de esta tierra. La caza, la pesca, la ganadería y la agricultura no extensivani de monocultivo, el aprovechamiento forestal racional, la protección de zonas sensibles… son vértices de un mismo elemento. En manos de Samuel Juárez y su equipo está ahora convertir esa filosofía en convicción y no defraudar a los afectados: los que viven de, en y para el entorno no urbano de Galicia.
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Compatibilizar y rentabilizar las distintas actividades que se desarrollan en el medio rural, sin descuidar la protección de las áreas ambientalmente sensibles mediante prácticas y usos sostenibles, ha sido una reiterada reivindicación de las organizaciones agrarias gallegas.
