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Galicia » Sucesos - Tribunales

impotencia

"Meu pai non quere saír da casa"

02.09.2006  Decenas de vecinos se agolparon ante el cordón policial observando el trágico accidente // Querían defender sus viviendas ellos mismos // Algunos iban a recoger a sus familiares que vivían en la zona // La tensión llevó a alguno a increpar a los miembros de la Guardia Civil

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ADRIÁN PEDREIRA• CALDAS DE REIS

El incendio que sufrió la empresa química Brenntag obligó a la Policía a desalojar a los vecinos que vivían cerca de la zona afectada, debido a la toxicidad de la nube de humo negro que desprendía la planta incendiada. Pero muchos lugareños se negaban a abandonar el lugar, vigilaban sus casas desde detrás de la barrera de seguridad que había impuesto la Guardia Civil, bloqueando los accesos al tramo afectado de la carretera N-640, que une la localidad de Caldas y la de Vilagarcía.

Ante el control policial se agolpaban decenas de vecinos, en cuyos rostros se evidenciaba la ansiedad y la tragedia, en sus cabezas todavía vivía el recuerdo de los recientes incendios, y a pesar de que la Guardia Civil les avisaba continuamente de que se alejasen por culpa de la toxicidad del humo, muchos permanecían en la zona, férreos en defender sus propiedades.

La tensión del momento llevó a algún que otro vecino a increpar a los agentes de la Benemérita que realizaban el bloqueo en la carretera. "Non hai dereito, teño o tractor alí cerca do lume, deixádeme pasar para apartalo", exclamaba un vecino, pero los agentes se mantuvieron firmes, "nadie pode pasar, é moi perigoso, tapen a cara, o fume é moi tóxico", avisaba un miembro de la Guardia Civil.

Algunos, en cuanto se enteraron de la noticia, acudieron al lugar para ir a buscar a conocidos y a familiares que vivían en las cercanías. "Veño buscar a meu pai, pero non quere saír da casa. Non quere irse, se chega o lume quere estar ahí para defendela", señalaba una vecina de Caldas.

Descanso obligado

En el otro lado del incendio, en el polígono de Saiar, donde estaba colocado el otro cordón policial que cortaba el paso a los que venían desde Pontevedra, los empleados de las fábricas cercanas al incendio habían sido desalojados y observaban como las llamas consumían la factoría química.

La propietaria de la nave de enfrente de Brenntag miraba asustada como saltaban las llamas hacia el otro lado de la carretera, muy cerca de su propiedad. También quería ir a ver como estaba su negocio, pero no estaba permitido. "Prendió dos veces fuego en el otro lado, pero lo han sofocado, debió de ser por el calor, no lo sé", señalaba la propietaria.

Desde este lado se podía ver como las llamas rodeaban a la gasolinera y se acercaban a la nave de Enagás. "Ojalá no llegué a incendiar la gasolinera o a las tuberías de gas", rezaba un empleado del polígono. "No me parece normal que den permiso para montar tan cerca tres empresas de esta peligrosidad", afirmaba la propietaria de la nave vecina.

Pronto llegaría la calma, el alcalde de Caldas se acercaba hasta los medios y empleados allí reunidos. "La situación está controlada (eran las 17.00 horas), hay medios suficientes para sofocar el fuego y no hay heridos graves. Técnicos de Medio Ambiente vendrán a comprobar la toxicidad del humo", apuntaba Xosé María Tobío. También se acercó el copropietario de la gasolinera, Santiago Roma, quien dio gracias de que el viento no soplase con fuerza y sí hacia el oeste, lejos de la estación de servicio.

Una enorme nube negra

La tensión también se palpaba en las calles el núcleo urbano de Caldas de Reis, desde donde se veía avanzar amenazante la enorme nube negra que desprendía la fábrica incendiada. El tránsito de la villa continuaba con aparente normalidad pero la gente se reunía en pequeños grupos que observaban preocupados el espeso humo. "Huele algo raro, como a lejía o algo parecido", declaraba una vecina del casco urbano que confirmó que "la gente sigue igual por la calle, y no se ve mucha alarma entre los vecinos, aunque sí preocupa lo que está pasando".

Otro vecino en Caldas afirmaba resignado "outra vez", refiriéndose a la pasada oleada de incendios que desde el 4 de agosto asolaron numerosos municipios de A Coruña y Pontevedra.

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