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Arsenio Olmo: “Siempre hay que tomar la iniciativa y desafiar el determinismo”

El vicepresidente de Aguas de Barcelona, héroe de la diáspora nacido en O Caurel, dedica el premio a las mujeres de su vida: “Mi formación, como cuerpo y como ser, se la debo a ellas”

Alberto Núñez Feijóo entrega a Arsenio Olmo el pergamino que le acredita como Gallego del Año, escoltados, desde la izquierda, por Valeriano Martínez, Santiago Villanueva, Fernando Barrera, Miguel Santalices y José Manuel Romay
Alberto Núñez Feijóo entrega a Arsenio Olmo el pergamino que le acredita como Gallego del Año, escoltados, desde la izquierda, por Valeriano Martínez, Santiago Villanueva, Fernando Barrera, Miguel Santalices y José Manuel Romay

FELIPE DE TORO - SANTIAGO  | 04.11.2016 
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“He sido inoculado con el sentido del deber. Eso proviene de mi padre. Del deber y del riesgo, pues uno debe siempre tomar la iniciativa y desafiar cualquier determinismo”.  Son palabras de Arsenio Olmo Chao, que desde su natal O Caurel, en la montaña lucense más al este del territorio gallego, llegó a convertirse hoy en día en vicepresidente de una de las empresas más importantes de España, presente en diez países y con más de 10.000 empleados a sus espaldas.

Hombre hecho a sí mismo y con una capacidad de ­superación encomiable, que lo convierten en un erudito del agua, mantiene su humildad y recuerda que no sería nada sin las mujeres de su vida, a las que dedicó el galardón de Gallego del Año con un emotivo discurso desarrollado casi íntegramente en femenino.  “Porque mi formación, como cuerpo y como ser, es obra de ellas”.

Olmo, que repasó su vida empezando por su infancia en Galicia, en un entorno con un fuerte peso de la comunidad “donde no había un adentro y un afuera, una familia y una comunidad, pues todos vivíamos en un espacio de lo que podríamos calificar como de comunitarismo efectivo”.

El galardonado tampoco olvidó la figura de su padre, al que definió como un emprendedor: “Supo y tuvo la valentía de desafiar el destino que lo impelía a arar la tierra y en cambio levantó un pequeño negocio que, con la escasez de la época, le alcanzó para enviarnos a los tres hijos a estudiar. Todo muy apretado pero pudimos levantar la losa opresora y salir del bucle del determinismo”, dijo.

Sin embargo, la “figura fuerte” de la casa era Carmen, su madre, a la que definió como la “cuidadora incansable, cocinera ejemplar que con materias escasas sabía componer un menú nutritivo y reparador, la que se levantaba al amanecer, se calzaba cualquier cosa y cogía el paraguas desballestado para llevarnos al autobús de línea en medio del diluvio de la época” . Una figura como para sentirse “afortunado”, según sus palabras, a la que se unen dos más: su maestra y su mujer, con la que lleva ya más de treinta años. “La trinidad, la primera y verdadera se produjo entre la niñez, la infancia y la adolescencia”, analizó.

Sofía, su maestra, llegó cuando apenas era capaz de escribir sus primeras palabras. Apareció casi de forma “milagrosa”, ya en pleno magosto por causa de la tardanza era burocrática. Un “alma llegada de lejos y portadora del conocimiento necesario para encarrilar mi vida hacia el sueño, que era el suyo, el de mis padres, de darnos algo distinto a lo que ellos no habían tenido ni oportunidad de vislumbrar”.

El último capítulo de su pasado se llama Isabel, que llegó a O Caurel  en mejores condiciones que Sofía porque “supo elegir mejor su guía”. Así lo recuerda Arsenio Olmo: “Corría el año 72 del siglo pasado y me encontraba yo en una encrucijada que estuvo a punto de costarme la vida, intelectualmente hablando, claro. Como el dinero no alcanzaba, aprovechábamos al máximo la casa escuela para realizar el bachillerato por libre hasta dónde el sistema lo permitía. Un mal primer año me tenía con un pie en la tumba y ella supo enderezar la situación y apoderarme con tanta suficiencia que en dos convocatorias (de junio y septiembre) del mismo año, completé primero y segundo de bachillerato. Y algo más: me orientó hacia la carrera de Filosofía y Ciencias de la Educación, con un primer año aquí en Santiago y el resto en Barcelona, licenciándome en Psicología en 1982”.

Una vida marcada por las mujeres que Arsenio Olmo quiso homenajear: “Ellas dan hasta el agotamiento y extenuación. A mí me gustaría ser como ellas pero, sin duda, me falta talento”.

Hombre generoso, afirmó entenderse mejor con estos que con los avaros. “Mejor dicho, no soporto a los avaros, me parecen seres a medio desarrollar, ¡pobres no han tenido la suerte que he tenido! yo y siguen con esa avidez de madre, de maestra, de esposa”.