Domingo 25.01.2009
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Gente y comunicación| sociedad@elcorreogallego.es
Cuando la sombra del dopaje le tiró un caño a Pep Guardiola, su biografía deportiva recibió una sañuda zancadilla. Rodó durante meses por escaleras de desahucio... tanto que deseabas negarle a la vista ese tachón sobre el blanco currículo del unico futbolista cercano del que hay fotos leyendo algo más que el Marca. Ya como entrenador, Pep salió un día en la contraportada de El País, departiendo con el guionista de comedia más serio de Europa, Rafael Azcona. Allí, enredados en ovillo de charla, era imposible saber quien era mediocampista de las letras y quien centrocampista de los pases. Cada quien a su medida, películas y partidos comparten claves: la duración estandar de unos noventa minutos, y la dimensión de una puesta en escena de mapa rectangular. Pep ya no juega pero anda igual de fino. Cuando los telediarios le dan un plano amplio, cuesta poco rememorar su enclenque figura trazando jugadas que sin él solo eran carne de pizarra. Ser estrella del fútbol sin marcar goles, sin cuerpo de gerrero ni piernas de plomo, careciendo además del pulmón de un velocista... parece el retrato ideal de una derrota berlanguiana pero Pep convirtió el juego en una melodía pop, suave y pegadiza, un número 1 redondo como un balón. Guardiola formó parte de un once llamado dream team, equipo de ensueño. Allí, podía jugar a ciegas sin mandar una sola pelota a la grada, devolviéndole a las botas el tacto de seda que el músculo moderno le había robado. Pedaleaba en silencio para recordar la mejor escuela de aquellas naranjas mecánicas previas al chupa chups de Cruyff... y ahora asoma en los informativos como el entrenador que remite a aquel equipo, a aquellos equipos. Hoy, conduce una plantilla que ha convertido la Liga BBVA en un disparate nacional donde interesa más quien será segundo que la identidad del primer puetos. Las cosas le van tan bien, que la prensa interroga por un supuesto bajón de juego del F. C. Barcelona, y contesta con caras raras, raspándose un poco esa barba que le llega hasta la nuca de su pelo raso. Responde cómp puede, casi siempre con verbo educado porque la silla de Rijkaard aun esta caliente, probando que en las ruedas de prensa cabe algo más que el eterno cliché de semiluna y sobaco. Algo tiene que pasar... el Barça lleva tantos meses ahí arriba que desafia la ley de la gravedad, cuando está escrito que todo lo que sube... baja. Messi, leo que le preguntan mucho por ese tema; Florentino, se escucha una y otra vez ese nombre en el revoloteo del audio en off que abre la seccion de Deportes; de algo hay que hablar. El menú de los triunfos es grato en la mesa aculé pero vende pocas entradas para un largometraje que aún tiene muchas escenas por rodar aunque todos estemos convencidos de que Pep, el bueno, se acabará llevando a la chica. La duda está en saber si habrá romance de consolacion para el resto de actores. A favor del interés y la audiencia que ansian las televisiones, juega esa mujer de blusa eterea que sólo sea saoma en primavera, lady Champions League. No se sabe si es más bella que la Liga, pero muchos darían la vida por conorcela de cerca. Otros como Pep, no tienen prisa, él ya ha desafiado a la Física, y sabe que, tarde o temprano, habrá química.
