Sábado 18.04.2009
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Supongo que para muchos de ustedes, queridos lectores, el que se les siga hablando del Grial les sonará a rancio. Y otros tantos estarán más que hasta el sombrero gris perla de ver asociado el tema a los inevitables nazis. Y es que ha sido mucho. Una cantidad asombrosa de best sellers han girado desde hace años en torno a esos dos elementos narrativos. Y el cine ha multiplicado los Indiana Jones mayores –entre éstos incluyo parte de la obra de mi adorado Clive Cussler, y a su personaje estrella Dirk Pitt–y menores. Y hay que decir que ha habido de todo. Si hubiese que elegir dos o tres obras muy interesantes que contengan esoterismo del bueno y el mal palpable, pensaríamos en Fuego sobre las olas, del malogrado Juan Manuel González (Planeta), El Cuarto Reino, del nunca bien ponderado Francesc Miralles (mr) e Indiana Jones y la Última Cruzada, el conocido film de Steven Spielberg.
Eso por no meternos en asuntos muy serios, como todo el ciclo artúrico, de Chrétien de Troyes para aquí, incluyendo a Cunqueiro y a Darío Xohán Cabana, y por supuesto la pentalogía de Los Hijos del Grial de Peter Berling, una de las aventuras más entretenidas de la que tenemos noticia.Por cierto. En referencia a esta última obra, ya se lo había comentado hace poco y se acerca el día. El miércoles de la próxima semana, día 22 de julio, se cumplen exactamente ochocientos años del salvaje asedio y quema de Béziers, donde
Arnaldo Amaury, tras ser preguntado por su jefe de tropa cómo habrían de distinguir a los buenos de los malos, en el asalto a la ciudad, respondía con claridad: "Matadlos a todos. Dios sabrá reconocer a los suyos."
El último en escribir algo al respecto ha sido el periodista, profesor e historiador Sergio Lechuga Quijada, y se llama Calix. Lo publica Planeta.Es de los que arrima el ascua a su sardina, o, dicho de otro modo, aproxima la trama a España. Pues, contada en tiempos diversos, la acción comienza el 5 de diciembre de 1975, al cabo de dos semanas de la muerte de Franco,. Y acaba, tras varios saltos temporales, el 1 de febrero de 1976.
Entretenida como pocas, es una de esas lecturas veraniegas más que aconsejables ahora.
TEXTURAS. Les dábamos cuenta del número 7 el pasado 19 de enero. Sale ahora el número ocho, y seguimos repitiendo lo mismo: que sigue siendo una de nuestras revistas preferidas, por no decir la que más. Edita Trama. Lo hace con el buen gusto de siempre, desde el esmerado cuidado tipográfico a la elección proverbial de los textos.
La palabra clave, el tema genérico de este número, es Trampantojo. Bonito nombre: "Trampa o ilusión con que se engaña a alguien haciéndole ver lo que no es". Trompe l’oeil, que dicen los franceses, y que, hasta hace muy poco, se usaba como nombre único en cualquier lengua.
Dos artículos clave. Uno, escrito por Jack London, el de Colmillo Blanco, el de Martin Eden. También, el de la extraordinaria Star Rover (cuyo guión, en un tiempo de bajón creativo, compró al que habría de ser el primer Premio Nobel de Literatura americana, el por entonces jovencísimo Sinclair Lewis).Otro, el dedicado a la poesía visual, con muestras de obra de Mikel Jáuregui, Javier Aguirre Ortiz o Joël López Astorkiza, y en donde se nota la huella dejada por aquél maestro que fue Joan Brossa.
Ya saben: obligatoria.
CHUS PATO. El encanto y la profundidad de esta poeta son justamente célebres. Su última entrega, Secesión, publicada por Galaxia, es, como muchas otras, estrictamente inclasificable. Ahonda en el papel del texto, del libro, "non como final, senón como espazo que se alonga alén das súas marxes".
Grande. Magistral. Uno encuentra cosas como esta:
"Unha poeta pasa a vida a escribir poemas só para que algún verso, algún pequeno fragmento entre na memoria e no soño do idioma..."
Muy, pero que muy bueno.
SANTIAGO (é) TAPAS. Ha vuelto a triunfar un concurso que ya se había asentado desde su primera edición, el pasado 2008. Enhorabuena.
MAYALL. No se olviden: el 17, en el Multiusos. No falten.
