Miércoles 22.04.2009
Hemeroteca web
|
RSS
Ya alejada por completo del tratamiento dogmático que la directora danesa Lone Scherfig dio a Italiano para principiantes (2000), su nuevo film, An education, aparece como una de esas extrañas simbiosis entre cine indie y película comercial candidata al Oscar, y en tres categorías, por si fuera poco.
Ambientada en la Inglaterra de finales de los años 50, poco antes de la llegada del Swinging London, una joven madura e inquieta, educada bajo un estricto puritanismo, altera de pronto sus metas vitales al conocer a un treintañero de mucho mundo que le va a enseñar un modo de vida bastante más hedonista y divertido que el que ella conoce.
A pesar de que al guión se sumó la audaz e ingeniosa pluma de Nick Hornby, autor de manuales de culto como Alta Fidelidad, el peso de la obra original, unas memorias de la periodista Lynn Barber, es demasiado grande y está demasiado edulcorado como para librar a la película de una pátina demasiado almibarada. Eso y que la directora ha descuidado a sus intérpretes -a excepción de la protagonista, Carey Mulligan- en favor de una puesta en escena y una dirección artística de Oscar -aquí sí-, que no deja de sorprenderme cuán alejada se encuentra de ese transgresor manifiesto que, junto a directores como Lars von Trier o Thomas Vinterberg, Scherfig firmó allá por el año 95 y a que aquí parece adscribirse más al technicolor de Douglas Sirk.
Aunque al principio se pueda tener la falsa expectativa de estar ante otro retrato nihilista de cierta juventud británica, visiones que, por otra parte suelen dar resultados cinematográficos bastante notables, al final la historia zozobra hacia el predecible cuento de una glamourosa Caperucita roja -seducida por el Chanel número 5 y las canciones de Juliette Gréco-, hacia una fábula llena de moralina que rápidamente anuncia lo que va a ir ocurriendo si la joven se desvía del camino.
