Miércoles 22.04.2009
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Si por mí fuera también. Si por mí fuera andaría siempre en bolas y sería feliz yo, quiero decir, no andaría yo siempre en bolas para que fuese feliz Mira, ni le pediría a Mira que anduviese siempre en bolas para hacerme feliz a mí, que viene siendo su viceversa. No creo que así funcionase, la verdad. Pero lo otro sí. Yo en bolas y feliz por mi lado, Mira en bolas y feliz por el suyo. Es lo que él mismo le decía el otro día a Lupe Gómez en el Galicia Hoxe: la felicidad no es más que cumplir las expectativas propias, y ese listón cada uno se lo pone a la altura que quiere, o que puede, o que lo que sea. Es también, un poco, lo que decía mi abuela en zapatillas, ya lo he contado otras veces: yo tengo más que tú porque necesito menos.
Jorge Mira (Baio, 1968) es un físico que sale en la tele, esto ya lo saben, en el programa Cifras e letras de la TVG, pero es sobre todo un físico con una marcada tendencia a la felicidad, lo que ya no es tan evidente ni fácil de encontrar: mi profesor de Física del Bachillerato tenía, por ejemplo, una marcada tendencia a la tristeza y un poco al aburrimiento, así que no aprendí casi nada. Que la atracción gravitatoria entre dos cuerpos es directamente proporcional al producto de las masas de ambos cuerpos e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia entre ellos, pero eso no me ha servido para mucho en la vida, si les soy sincero. Para caerme a cada rato, lo único, y no echarle la culpa al adoquín. Esto también lo comenta Jorge Mira en su entrevista con Lupe Gómez: que es un crimen que el sistema educativo obligue a gente que está todavía sin formar a elegir tan pronto una parte del saber y renunciar a otra, a optar por las Ciencias o las Letras, cuando habrá quien no estudie Física porque no le gusta el profesor, a lo mejor porque tiene tendencia a la tristeza y un poco al aburrimiento, como pudo ser el caso, aunque no lo fue: acabas escogiendo un camino vital determinado basándote en una tontería.
Lo que ocurre es que al final son siempre las tonterías las que lo deciden todo, no sé si Mira lo ha pensado. El trabajo que tienes. El amor que te tiene. El equipo de fútbol. Si hasta la felicidad se consigue andando siempre en bolas, ya me dirán ustedes, a qué tantos siglos de filosofía occidental. Son las tonterías, en realidad, las que nos llevan y nos traen. Las que nos mueven. Un dolor de muelas. Un semáforo en rojo. Perder el autobús. Lorca estaba en Granada en julio de 1936, dice Muñoz Molina, por celebrar un santo, san Federico, el suyo, el de su padre, el día 18, y ya no salió de allí. Chateaubriand paró dos balas que le buscaban el corazón con el manuscrito de una de las obras que había terminado y que guardaba en su mochila de subteniente del Regimiento de Navarra. Paul Auster escribe porque no llevaba lápiz el día en que se topó con Willie Mays, el jugador de béisbol al que idolatraba, lo que lo dejó sin autógrafo y con el firme propósito de no salir jamás de casa, en adelante, sin un lápiz en el bolsillo. Y si llevar un lápiz en el bolsillo, hay bastantes posibilidades de que algún día te sientas tentado a utilizarlo, aunque parezca otra tontería, que era a lo que estábamos yendo.
Por lo demás, y si pudiese, Jorge Mira haría un pacto con el diablo para distribuir la vida que le quede entre hoy y el año, pongamos, 2100, vivir un año y morir dos, o la cadencia que sea, y llegar lo más lejos posible en el futuro, que es lo que más intriga a los científicos después de la composición química de varios aspirantes a Eurovisión, pero, conociendo al diablo, es capaz de aceptárselo, el trato, y acabar con todo este quilombo al tercer año con Mira dentro, con lo que le estaría escamoteando dos y una Eurocopa. Que más sabe el diablo por capullo, creo que era, que por ninguna otra cosa.
