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JAVIER KRAHE, cantante

“Yo sigo haciendo alpinismo”

ESTA BOCA ES MÍA POR ROBERTO G. MÉNDEZ  | 19.06.2009 
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Bueno, no hay que tomárselo todo al pie de la letra. Krahe ante un ochomil debe de ser algo parecido a mí ante un millonymedio (de la moneda que quieran): nunca nos vimos en una semejante. Si hay que congelarse los dedos de los pies se meten en el arcón del sótano, pero no se va uno al quinto carajo. Creo hablar en nombre de los dos. Lo del alpinismo lo dice él, lo dijo por aquí el otro día, que actuaba en Santiago, por su canción, la de la yeti: "Cuando todo da lo mismo, / ¿por qué no hacer alpinismo?". Ahí el sentido sí que es literal. Ya saben cómo son las canciones del Krahe: "No sé tus escalas, por lo tanto eres muy dueña / de ir por ahí diciendo que la tengo muy pequeña". O bien: "Es un asunto muy delicado / el de la pena capital, / porque además del condenado / juega el gusto de cada cual. / Empalamiento, lapidamiento, / inmersión, crucifixión, / desuello, descuartizamiento, / todas son dignas de admiración. / Pero dejadme, ay, que yo prefiera / la hoguera, la hoguera, la hoguera". Pues con el alpinismo igual. Dentro de las canciones, el tío, sigo hablando de Krahe, de Javier, escala, tan ricamente, lo que le pongan: "Huyendo de Mary Pepa un buen día me enrolé, / por poner tierra por medio y ya puestos a poner, / en un grupo de alpinistas que iban para el Everest". Y todo eso. De ahí el estribillo: "Cuando todo da lo mismo, / ¿por qué no hacer alpinismo?". Y de ahí la declaración que reseñamos, o que reseño yo, tienen razón, con mi pan me lo coma, para el plural de modestia hay que ser, por lo menos, futbolista, de ahí la declaración, o sea, del cantante: "Yo sigo haciendo alpinismo".

Ocurre que fuera de las canciones, ya se lo estaba yo adelantando, el alpinismo es muy posible que no sea exactamente alpinismo. Que no lo sea de forma literal. ¿Qué más alpinismo quieren? Este señor se sube a los escenarios con la mitad de la voz que tendrán casi todos ustedes nada más levantarse, puede que con menos, alguien habrá entre ustedes que cante bien, y aun así no da un verso que no sea de tornillo, no da un verso sin lengua, no da un verso, no sé cómo explicarlo, en la frente de nadie. Este señor pareciera que sigue en La Mandrágora, con lo difícil que se ha puesto una cosa así, venga pájaros de un tiro. Y este señor, con una guitarra de palo, desafinó rabiosamente aquello de "Cuervo Ingenuo no fumar / la pipa de la paz con tú, / por Manitú, / por Manitú", que es a la canción con guitarra de palo lo que el "preferiría no hacerlo" de Bartleby el escribiente de Herman Melville a la impavidez respondona y la rebelión de las masas. Eso sí: para no trabajar hay que valer, que nadie se confunda. Javier Krahe está harto de decirlo.

Hay además, esto ya es cosa mía, un par de momentos delicados en la vida de uno, de dos, de los que sean. El primer momento, en orden aleatorio, es aquel en el que uno (o dos, o los que sean: centrémonos en uno, ahora) se da cuenta de que todos sus héroes deportivos, de que todos los delanteros centro, los cincos, los del carril del diez, a los que pegaría en la puerta del armario, si tuviese armario, si viviese solo, son ya muchísimo más jóvenes que él. Ahí empieza, creo yo, la cuesta abajo, y empieza pronto: Zidane ya no me pilla, y hace como tres años que no juega. El otro momento delicado es anterior: se produce cuando uno (o dos, o los que etcétera) descubre atónito que algunos de los cantantes a los que tararea podrían ser su padre. Que podría ser su padre el que canta en la tele, en la cosa de Tola, "y yo con mi ramito como un gilipollas, madre". Que podría serlo, pero que no lo sería, vamos, en la vida. Que no lo sería ni de coña.

Y ahí empieza, creo yo, Freud. Lo del asesinato y todo ese quilombo.