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El buen rollito está bien, pero no basta

21.03.2010 

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POR LUIS PÉREZ

TAMBIÉN GOBERNAR. Aunque se le presume a Zapatero, o más bien alardea él, lo cierto es que el talante, el buen rollito, es cosa de Feijóo. A las pruebas me remito. Nunca antes se había visto que un partido con mayoría absoluta aceptara tantas propuestas de la oposición. En el reciente debate del estado de la autonomía fueron bastantes las aprobadas por unanimidad y muchas las de PSOE y BNG que recibieron apoyo del PP. Y también con la carta que le envía sobre las cajas. A pesar de los desplantes del Gobierno, sigue la máxima evangélica de poner la otra mejilla. El debate del estado de la Autonomía, aparte del pacto por el pacto, se ha convertido en un ritual que paraliza la gestión política durante un par de días y tortura a los espectadores de la TVG, cada año menos por cierto. La gráfica de la audiencia de las intervenciones lo reflejan con precisión. Comenzó Aymerich a las cuatro y media de la tarde con una relativa expectación que fue bajando a medida que transcurrían los minutos, se mantuvo en el fondo del valle durante la de Pachi Vázquez y fue subiendo perezosamente durante la de Ruiz Rivas, no sé muy bien si porque era la hora del culebrón o por su ingenio, un bien cada vez más escaso en el ámbito político. El de Ribeira, que él reivindica con v, es de lo mejor y más divertido que hay en el Hórreo.

Las sesiones parlamentarias, comparecencias, ruedas de prensa y todos los actos políticos en general parecen velatorios en los que sólo se aceptan los pésames y las caras largas, cabreadas, como si el humor, antes asociado a la inteligencia, fuera ahora un terrible pecado.

 

El pacto es útil si ayuda a mejorar el estado de las cosas, incluidas las que dan vida a la autonomía. Las resoluciones aprobadas se quedan en buenas intenciones que sirven a sus señorías para tratar de justificar el salario ante los electores. Me gustaría equivocarme, pero creo que lo pactado no tendrá resultado práctico alguno.

 

Los acuerdos verdaderamente importantes no se sustancian delante de las cámaras. En este sentido, es de justicia valorar la actuación tanto de la Xunta como de los partidos de la oposición. En el primer año de monopartito Feijóo logró arrancar acuerdos en tres asuntos vitales para el país. Primero con el Gobierno central sobre la llegada del AVE, aunque más exacto sería decir con José Blanco; con el BNG sobre la Lei de Caixas, si bien más certero sería decir con Guillerme Vázquez, y con el PSOE sobre la Lei do Solo si es que no se trunca pero con la salvedad de que sería gracias a sus alcaldes a través de la FEGAMP, que conduce con realismo el socialista Carlos Fernández.

 

No hubo acuerdo sobre el gallego porque, entre otros motivos, sobraría la oposición. Tampoco lo habrá sobre la reforma del Estatuto, pues viene a ser algo parecido, salvo que Pachi Vázquez recibe la llamada de Zarrías para que de la noche a la mañana cambie de planteamiento. De momento, el PSOE gallego se mantiene en que Galicia es una nación. Lo dejó caer también sibilinamente Leiceaga, otro que parlamenta bien, cuando calificó al debate como del "estado de la inacción". Y no va desencaminado, porque en el tiempo transcurrido, mucho pacto sí pero poca gobernación. Al menos, es lo que parece.

La opinión opinada

 

José Luis Gómez
(‘Xornal de Galicia’, 17-03-2010)

En Madrid también gobierna la derecha. Es verdad: gobier- na la derecha liberal. Pero hay una gran diferencia con Gali- cia: allí existe libertad de ex- presión organizada y sostenible. Hay competencia y opor- tunidades para todos. Aquí no.

Prefiero, en su conjunto, la prensa gallega a la madrileña. Los medios, en su mayoría, son más plurales.


Xosé Luis Barreiro Rivas
(‘La Voz de Galicia’, 17-03-2010)

¿Qué significa un pacto por el idioma cuando se trata de cerrar un conflicto abierto
unilateralmente por puros motivos electorales? En este caso, por ejemplo, la Xunta no necesita pactar, sino recular, y abandonar la demagogia.

Si el sistema político fuera una aristocracia podría ser pero al vivir en democracia mandan los votos.


Pepa Antón
(‘ABC’, 18-03-2010)

Y es que Galicia, al otorgarle a Feijóo la mayoría absoluta, le está demandando que aplique su programa, sus promesas electorales, su política, con firmeza y sin complejos, con claridad y contundencia.

El presidente de la Xunta lo es de todos los gallegos pero no por eso puede incumplir sus compromisos.


Xosé Antón Perozo
(‘Galicia Hoxe’, 20-03-2010)

Caso de non contestar, o presidente de Galicia queda en situación dunha gran debilidade como interlocutor fronte ó Estado. E no caso de producirse o encontro sen resultados as naves mediáticas de Feijóo naufragarán.

Zapatero, aínda que sexa por edu- cación, debe contestar. O que im- porta é que Galicia non naufrague.


 

 

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