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[Noticia 1 de 1] Gente y comunicación| sociedad@elcorreogallego.es

medio siglo de cine

'La condición humana' de Kobayashi

10.03.2010 

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EZEQUIEL MÉNDEZ

En el transcurso del breve idilio americano-soviético de la posguerra, antes de la guerra fría, el Partido Comunista japonés no sólo había sido tolerado sino incluso alentado por las fuerzas de ocupación estadounidenses como garantía democrática contra el fascismo militar, y fueron los cineastas procomunistas los que realizaron los primeros filmes importantes de la posguerra: La guerra y la paz (Fumio Kamei y Satsuo Yamamoto, 1947), Retorno al país natal (Hideo Oba, 1950) y Hasta nuestro próximo encuentro (Tadashi Imai, 1950). El tratado de paz entre Japón y Estados Unidos se firmó en septiembre de 1951 pero el ejército americano permaneció en las islas, aunque la ocupación se dio oficial y descaradamente por terminada. Dos excelentes filmes rodados al final de la guerra, que habían sido prohibidos, vieron levantada la censura: Los hombres que caminan sobre la cola del tigre*(Akira Kurosawa, 1945), inspirado en una pieza de teatro kabuki, donde se aborda de forma paródica el tema de la lealtad feudal, y El general mendigo (Sadatsugu Matsuda, 1945), historia glorificadora de la vida de los samuráis. (Keiko I. McDonald, Reading a Japanese Film. Cinema in Context, University of Hawai Press, Honolulú, 2006.)

El "traumatismo atómico" fue abordado por el cine japonés en muchas obras de ficción. La más impresionante, por su estilo realista y patético, fue Hiroshima (Hideo Sekigawa, 1953), producida por el Sindicato de enseñantes como respuesta a la polémica Los niños de Hiroshima (Kaneto Shindo, 1952). La angustia atómica estuvo también en el origen del film de Kurosawa Crónica de un ser vivo* (1955) y en Orfeo en Hiroshima (Toshio Endo, 1960), sobre un texto de Kenzaburo Oe. Los primeros filmes que trataron la guerra para criticarla, o el ejército para estigmatizar sus excesos, fueron realizados por cineastas de izquierda en producciones independientes, con dinero de los sindicatos o de asociaciones políticas. Vida de cuartel (Satsuo Yamamoto, 1952), por ejemplo, con un sólido estilo neorrealista, es una descripción del inhumano y humillante entrenamiento militar soportado por unos jóvenes reclutas en un cuartel de Osaka, en 1944. En esta línea de antimilitarismo militante, junto a filmes tan notables como Crónica de los estudiantes movilizados (Segikawa, 1950) o Hasta el fin de las nubes flotantes (Miyoji Ieki, 1953), hay que reservar un lugar especial para La habitación de gruesas paredes (1953) y, sobre todo, La condición humana* (1959-1961), ambas de Masaki Kobayashi (1916-1996).

Tres años duró el rodaje de esta mastodóntica producción de casi diez horas de duración, basada en una voluminosa novela de Jumpei Gomikawa, dividida para su comercialización en tres partes: No hay amor más grande, El camino a la eternidad y La plegaria del soldado. Durante la II Guerra Mundial, en la Manchuria china que Japón había invadido ya en 1938, Kaji, un joven pacifista, administrador de una mina de carbón convertida en campo de prisioneros, se rebela contra la forma en que son tratados los chinos que las autoridades japonesas hacen trabajar allí como esclavos. Torturado por la policía, como represalia, es enrolado en el ejército. Gracias a su robusta constitución física y mental sobrevive al avance de las tropas rusas erigiéndose como líder de sus camaradas, desplazándose con ellos a través de las tierras manchúes. Capturado por el ejército soviético, se evade y, en su imposible intento de regresar junto a Michiko, su esposa, a pie, en invierno, acaba muriendo en la llanura nevada.

Transitando sin esquematismos por un conflictivo periodo de la historia de Japón, Kobayashi, humanista convencido y sin compromiso partidario, describe la crisis ideológica de los intelectuales de aquella generación, situando los problemas de responsabilidad por actos de guerra más en términos morales que políticos, a través de una víctima "involuntaria" de la barbarie militarista. A pesar de algunos excesos formalistas (por ejemplo, encuadres oblicuos innecesarios), sobresalen por su intensidad dramática algunas secuencias inolvidables: la llegada de los prisioneros chinos y de las prostitutas al campo y sus intentos de evasión, el adiestramiento de los soldados, la persecución en los pantanos o el errante desplazamiento final del protagonista.

 

* Editada en DVD

ezequielmv@telefonica.net

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