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cómic

David Small retrata en 'Stitches' una infancia traumática y muda

El dibujante norteamericano publica su primera novela gráfica, que edita en España Reservoir Books // El libro fue finalista del Nacional Book Award de 2009

VERA BLANCO/EFE • MADRID   | 28.03.2010 
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El dibujante norteamericano David Small acaba de publicar en España Stitches, su primera novela gráfica, en la que relata a través de imágenes y pocas palabras la traumática infancia y adolescencia que vivió en su casa familiar de los seis a los dieciséis años.

"Stitches ha sido una terapia porque después de medio siglo de vida mis sueños y algunos de mis actos me demostraban que seguía siendo aquel chico trastornado de catorce años", explica el autor.

En Stitches (Reservoir Books), la vida familiar está cargada de silencios y frustraciones en una casa donde la madre impone su tiranía, el padre golpea un saco de boxeo en el sótano, el hermano mayor aporrea la batería y David Small, con seis años, crece solo acompañado de pesadillas reales e imaginarias. Un día, ya con catorce años, el niño se despierta de una supuesta operación sin riesgo para descubrir que le han quitado una cuerda vocal, que su garganta ha sido rajada y grapada y que se ha quedado temporalmente mudo. Nadie le confiesa que ha tenido cáncer y que era probable que muriese.

Small ha asegurado que necesitaba recuperar la "experiencia" de ser un niño y revivir su realidad "a través de esos ojos infantiles". "Necesitaba saber -explica- si era culpable de algo, y de ser así, librarme de esa culpa para poder vivir de forma completa mi vida adulta".

La novela gráfica, que fue finalista del Nacional Book Award 2009, está contada en blanco y negro, en dibujos que recuerdan a bocetos, muy alejados del estilo colorista del reconocido ilustrador de libros infantiles.

En este sentido, el autor explica que "el color siempre confunde el asunto" y que decidió eliminarlo para ganar velocidad, porque cada color tiene un "impacto psicológico" diferente en el lector y su elección hubiese "ralentizado" su proceso interno.

Otro aspecto importante es la escasez de diálogos, generándose un silencio que el autor califica de "pasivo-agresivo". "El silencio -remarca- está dirigido a hacerte sentir que no vales nada y culpable sin razón, una situación muy kafkiana".

A medida que las imágenes aparecen en el libro, el espectador se va hundiendo en el drama familiar, hasta llegar a un cénit en el que el padre confiesa su culpabilidad en el desarrollo del cáncer de David.