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La Rosa de los vientos

Edad Media: un callejero sentimental

XURXO FERNÁNDEZ  | 10.08.2009 
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El Medievo es una de las franjas históricas que han hecho correr más ríos de tinta. No sólo nacieron entonces sagas perdurables hasta el momento, como el Ciclo artúrico, o poemarios río –Le Roman de la Rose, perpetuado durante siglos hasta convertirse en cierto tipo de novela romántica–, sino que, como tema, continúa interesando hoy, imperturbable frente al paso de la Historia.

Fue, el asunto, moneda de cambio literario en el XIX, y, ya desde sus comienzos, el XX puso de manifiesto que había algo en ese tiempo, un sentido de las cosas, una visión especialmente intensa, una cosmogonía tan profundamente apocalíptica, que todo parecía indicar que había marcado al Hombre para siempre, y que esa huella seguía siendo perfectamente perceptible en el subconsciente.

De hecho, uno de los best-sellers más importantes de finales de siglo fue Los pilares de la Tierra, una novela de Ken Follett que retrataba magníficamente a una familia de protoarquitectos durante su aventura como constructores de una catedral. La gran virtud de ese libro fue conseguir entregarnos un plano exacto de los sentimientos de las gentes, con un grado de realismo tal que hasta conseguía que pudiéramos oler: nos inundaban los aromas de las flores, del granito esculpido, del sexo arrebatado, de la sangre, de la peste.

Aquello pasaba en el siglo XII, en Inglaterra, poco después del triste caso del asesinato de ese hombre de Dios que fue el inolvidable Thomas Becket.En el mismo siglo XII, esta vez en la Península Ibérica, se desarrolla la trama de

La tierra de Dios, de Claudia Casanova, que acaba de editar Planeta.

Conocimos hace tres años a esta autora maravillosa, en la presentación de la que por aquél entonces era su primera novela, La dama y el león (también en Planeta). Y entonces advertíamos al lector del enorme interés que nos había suscitado su forma de narrar, heredada de Walter Scott, de Víctor Hugo, de Alejandro Dumas padre. De que iba a haber un Fenómeno Casanova que no tenía nada que ver con la vida y obra del ilustre veneciano, y que permanecería en nuestra memoria ya para siempre.

La tierra de Dios confirma esa continuidad. Son los difíciles tiempos del equilibrio inestable entre judíos, moros y cristianos, donde brilla, sobre todo, desde una Córdoba propia de Las Mil y una Noches, la avanzada civilización musulmana.

Unos personajes (esas gentiles Aalis y Fátima, por ejemplo) tejidos con exóticas sedas –a veces con alambre de espino–, que nos recuerdan el sonido y la furia de La dama y el león. Una acción medida con cronómetro de precisión, y un fantástico desarrollo, convierten a esta nueva entrega de la Casanova en algo realmente muy importante. No se la pierdan, pues.

 

v MESTRE MATEO. Abre, en el número 3 de la Rúa Nova, una tienda de delicatesen –vinos, quesos, empanadas...–. Lleva el nombre del maestro de obras de la Catedral, y, como curiosidad, se han hecho construir un Santo dos Croques a tamaño natural, para poder cumplir con la tradición si el agobio en el Templo es excesivo. El cartel es del notabilísimo escultor Francés. La dueña es la tan dinámica Ana Matos, que ya ejercía en Beiro. Nuestra enhorabuena.