Jueves 03.04.2008
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Aquella fue una buena época para todo tipo de movimientos reivindicativos. Se participaba en política, se filosofaba mucho, se leía aprisa y se hacía el amor desesperadamente. Fue el momento de la eclosión del arte conceptual, la del boom sudamericano, la de las mayores concentraciones de la historia en el terreno musical –de Wood-
stock a Wight–, y de los grandes viajes astrales. William Burroughs, con su infalible sentido de la oportunidad, dictó entonces un verso sincrético que conseguía expresar ese cosmos: El lenguaje es un virus que vino del espacio exterior.La gente se atrevía a soñar, y se disfrutaba de la vida como pocas veces se había hecho antes. Como si cada día fuera el último. Con un sentido hedonista que rescataba los sueños de
Rousseau sin obviar los de Thomas de Quincey. A pesar de Vietnam, de Richard Nixon, de Pol Pot; a pesar, también, de Franco, reinaba aquella necesidad de satisfacción que habían descrito, a principios de la década, Jagger y Richards.
vMAYALL. A lo largo de todos esos años, unos cuantos creadores parecían manejar los hilos de lo que empezaba a parecerse mucho a una representación del Teatro Negro de Praga. Personajes singulares que parecían tener todas las claves de lo que estaba sucediendo. Uno de ellos era Timothy Leary, apóstol del LSD (que usaba como medio para alcanzar un grado muy elevado de conciencia), y performer de éxito en su modalidad del Drop-Out.
Otro, sin lugar a dudas, era John Mayall. Se le llamaba el padre del blues blanco. Tenía la insondable virtud de transfigurar a todo aquél que pasaba por sus manos. Los que ya de por sí eran músicos magistrales, aprendían a encontrar la piedra filosofal en el fondo de su imaginación. Así fue como en sus dinámicos Bluesbreakers fueron tocando Peter Green, Keef Hartley, Jack Bruce, Mick Taylor, Jon Hiseman, Dick Heckstall-Smith, Sugarcane Harris o Larry Taylor. Todos ellos acabarían fundando o militando en grupos como los Mothers of Invention, los Rolling Stones, Cream, Colosseum, Fleetwood Mac o Canned Heat.Pero tal vez su mejor discípulo fue
Eric Clapton, aquél del que se decía que era Dios.
Pues bien: el próximo 17 de julio, en el Multiusos do Sar, tendremos oportunidad de ver, de nuevo, al padre de Dios.
vJAZZ Y ROCK. Aparte de Mayall, podremos ver una buena cantidad de estrellas rutilantes. Para el Festival de Jazz de Pontevedra, por ejemplo, y a partir del 23 de julio, se está preparando un cartel de lujo asiático.Estará la jovencísima –25 años–, espléndida y fresquísima Esperanza Spalding, que hace poco cantaba en privado para Obama en la Casa Blanca. Con ella estará otro niño prodigio, el guitarrista Dereck Trucks, que llegó a tocar con su célebre tío, el batería Butch Trucks, en los Allman Brothers. Y, precisamente para abrir el festival, otro guitarrista áureo: John Scofield, de la escudería de Miles Davis. Es decir: que los de Pontevedra vuelven, año tras año, a coronarse.
Y pronto estarán, también en el Multiusos, Slipknot y Machine Head. Será el 7 de julio.
Y el 12, en el Obradoiro, Lou Reed y Laurie Anderson.
¿Quién da más...?
xfernandez@elcorreogallego.es
