Miércoles 22.04.2009
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Imagino que nos espera una dura semana, atiborrada de especulaciones futboleras. Cuestión de pelotas. El fútbol genera una gran dosis de morbo callejero y de rivalidades geográficas. Se pongan como se pongan, un Barcelona-Madrid viene a ser siempre la madre de todos los partidos de fútbol. Y ese encuentro se acerca, como aperitivo de la Navidad. Es probable que no pase nada especial, que todo siga un guión (como parecía sugerir Schuster, a quien el sueño de la razón, sin duda, le produce monstruos). La razón y la lógica están, creo, a favor del Barça. Pero ya se sabe que esto de las luchas heroicas y de los partidos épicos es algo impredecible.
No estoy muy interesado en la cosa, salvo por el morbazo televisivo. La endeblez del Madrid se ha ido acrecentando con el paso del tiempo, y Schuster parece haber perdido la capacidad de reacción, como si estuviera hastiado de la realidad. La realidad, es cierto, es una lata. Las cámaras tienden a dar testimonio de un Schuster abatido, cabreado, o, simplemente escéptico. Para rematar la jugada, el domingo afirmó que no se podía ganar al Barcelona. Así de simple. Los presentadores de La Dos se agarraron inmediatamente al titular: que el entrenador del Madrid afirme eso, sin disimulos, suena a bombazo. Pero, si se analiza con cuidado, tal vez estaba reflejando el pensamiento de muchos. Como dicen que decía Julio Camba, hay años que no está uno para nada. Y tal vez este año el Madrid no está para nada. Y el Barcelona, como dice Schuster, está para todo. Los realizadores ofrecen la imagen de un Guardiola elegante y enjuto que pasea la banda, pero que apenas necesita levantar la voz. Tal vez todo sea cuestión de racha. Si se lo preguntan, tal vez no sepa decir por qué funciona ahora lo que antes no funcionaba. Y Schuster, más bien perplejo, sólo encuentra tiempo para desesperarse. Con este panorama, está claro que el morbazo será máximo. Si el Madrid gana, la Iliada, la Odisea y las sagas islandesas se quedarán pequeñas para glosar la hazaña. Si gana el Barça, dirán que la apisonadora hizo su trabajo. Pero si el famoso clásico de fútbol nos hace olvidar la economía durante siete días y siete noches, habrá que concluir que es mayormente necesario.
