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Cronista social

Josemi: “El nacionalismo es de mediocres. Me sorprende que en Galicia exista”

13.02.2010  Los gallegos siempre fuimos ciudadanos del mundo, muy echados para adelante, para ir a trabajar fuera y afrontar nuestros problemas”

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POR ENRIQUE BEOTAS

José Miguel Rodríguez-Sieiro y Rodríguez-Vila, impecable e implacable
José Miguel Rodríguez-Sieiro y Rodríguez-Vila, impecable e implacable

Nos conocimos en una de esas noches heroicas que inspiraba el espíritu de la Transición. Fue hace muchos años, muchos más de los que a él le gusta reconocer. Corría la década de los setenta y Madrid se agitaba en el aprendizaje democrático nocturno.

Su vitalidad y decisión fueron las que captaron mi interés, no era habitual por aquel entonces toparse con un declarado militante del orgullo gallego. Recuerdo que pasaban las tres de la madrugada y un puñado de universitarios transitábamos por aquella ‘ciudad sin ley’: ¡Vallecas!

De entre tanto Carnaval, me fijé en este tipo inaudito, ‘elegante’, impecable, arregladito como para ir de boda. Las gentes que recorrían la primavera de aquel barrio no se podían creer lo que veían… Él caminaba, como quien no quiere la cosa, balanceándose a estribor y a babor, dispensando a los viandantes pasquines anunciadores de un mitin electoral. De repente, un grupo de provocadores con ganas de jaleo, cara de pocos amigos y tabique nasal quebrado por mil batallas, se encaraban al amigo Josemi, quien no dudó en hacerles frente poniéndose ante ellos en jarras. No voy a transcribir lo que pudo decirles sin perder un paso de su posición ni alterar el rictus, pero lo juro, los cuatro macarras, cadena en mano, pusieron pies en polvorosa… Aquella hazaña recorrió durante años la Universidad Complutense de Madrid hasta convertirse en una leyenda urbana… Hoy, con la libertad ya afinada y la convivencia razonablemente instalada, mi amigo Rodríguez-Sieiro podría pasar por uno de esos personajes que transitan por los salones de Marcel Proust o Henry James.

Me cae bien este Josemi, lo confieso. Me ha dado suficientes razones para ello, pues, desde la cuna, es mordaz e inteligente. Su sentido del humor se autolimita a la verdad cotidiana, como corresponde a quien ha hecho de la retranca una cuestión de ‘high style’. Para mí que es uno de esos inhabituales cerebros tallados a base de confidencias probadas, cromalín distinguido, tipografía de veinte cíceros y fotografías robadas.

Josemi cumple nuestra cita, puntual, sin un aspaviento, el corte de su traje es perfecto, impoluto; lo habitual en quien sabe que no hay mejores sastres en el mundo que los de Saville Road…

"Ni mejor percha que quienes tenemos el cuerpo hecho a ellos…"

– No te querrás acordar, pero te conocí en el 78…

– Cómo me voy a acordar, si yo era un recién nacido…

– Haz memoria, fue en Vallecas…

– La defensa de la libertad justifica el enfrentamiento, siempre de cara... Recuerdo aquello bien. Por una parte no pensé en las posibles consecuencias... Pero, como siempre he ido de frente y yo no me metía con los que ponían otros carteles, no podía tolerar que conmigo no se hiciese lo mismo…

– ¿Quién te enseñó a poner a la gente en su sitio?

– Mi madre... ¡Menuda es! ¿No la conoces…?

– Pues no…

– Te lee la cartilla con voz suave, firme, clara y sin titubear. La deberías contratar para tu Rebotica esa…

– Al final ¿la política lo ha jodido todo?

– Todo se ha metido demasiado en política y viceversa. En este momento se trata de permitir o prohibir. A este paso, vamos a prohibir todo…

– ¡Quién nos lo iba a decir, Josemi!

– Es que llegará un momento en el que seamos robots mandados por una serie de señores que han decidido encumbrarse en el poder. Un día habrá un cataclismo terrible y entonces vendrá un caos cuyas consecuencias no quiero ni imaginar.

– Te me estás poniendo apocalíptico…

– Te lo digo tal y como lo pienso… ¿No es lo que querías?

– Tampoco es mucha novedad, lo has hecho siempre…

– Porque he sido siempre el mismo.
– Incluso en esa actividad de la prensa del corazón de tan funestos resultados…

– En este momento hago muy poca prensa del corazón y hay quien sigue pensando que la hago. En eso he cambiado, es cierto, pero no en mis opiniones.

– ¿Por qué abandonaste ese mundo?

– Porque una cosa es hablar de Carolina de Mónaco y otra de Belén Esteban. Las dos probablemente fueron o son grandes estrellas, pero entiendo mejor el estrellato de una que el de la otra…

– ¿Es la dictadura de la audiencia…?

–Como no dirijo ningún programa, realmente a lo que contribuyo es a que la audiencia esté alta. Me preocupa la audiencia, cómo no… Yo tengo mucha suerte con ella…

– ¿Con ella…?

– Con la audiencia, perverso Beotas…

Descubrió su parte mediática en aquella radio espléndida que fue Antena 3, un propósito de los hermanos Jiménez de Parga, que supieron torear los caprichos del ‘condecito’. Aquello fue posible gracias al talento infinito e incuestionable de Manolo Martín Ferrand. Por aquel entonces, este vigués del mundo cosmopolita y elegante todavía no se dedicaba al faranduleo, pero su agitada vida social, sus viajes por medio mundo con la maleta llena de agudeza e ingenio, habían ido afilando su mirada sin prisas.

Rodríguez-Sieiro es de esas personalidades que incitan al tuteo. Es temido (casi tanto como admirado) porque no tiene límite. No deja títere con cabeza, empezando por él mismo, pues encarna su propio personaje a un lado y otro del espejo, ese símbolo del que se ríe con ironía y voz imprescindible. Su género se debería documentar en los anales como "amigable gresca"…

"Que te quede claro, Beotassss… que no he creado personaje alguno. Siempre he sido así. No he cambiado. Si soy combativo es porque me divierte muchíssssimo…"

Aquel chico del colegio Labor de Vigo, que se trabajó el petróleo en Rumanía y la medicina en Montreux, continúa asombrándose por el inagotable espectáculo de lo humano. Sin embargo, su aparente frivolidad, que le entretiene tanto como las bofetadas verbales que suelta, oculta a un sentimental que sabe lo que cuesta llegar. De ahí que siempre, asumiendo la importancia de las deudas morales, tenga presente a su madre, esa mujer que, cuando tocó la lotería en su casa gracias a la baraka de su padre, decidió poner todo el dinero en inversiones inmobiliarias para que sirviera de fondo familiar por si pasaba algo:

"Ella me sigue dando mucho. Es una persona divertida, inteligente, rápida. Es a ella a quien le debo esa osadía de decir en todo momento lo que pienso" .

– No es gallega…

– Lo dirás tú, guapo, que naciste en Ávila…

– Su familia es vallisoletana…

– Pero nació en Vigo… El que su familia procediese de Valladolid le facilitó su estilo directo, ser tan clarita…

– Me alegra que compartamos teoría.

– Eso me lo tienes que aclarar.

– Sostengo que los gallegos nacemos donde nos da la gana.

– Estoy de acuerdo, pero no soy de la opinión de que Galicia sea el mejor lugar del mundo… Siempre lo he dicho…

– Está claro que no te callas una…

– Es verdad. Cuando estaba estudiando en Inglaterra, siempre aparecía un gallego que quería ir a un restaurante que se llamaba Martínez. Aquello era una marranada imponente, así que yo le decía: "No, yo aquí quiero tomar el roastbeef, pero en ningún caso la cochinada del caldo ese de Martínez…"

– Pero adoras Galicia…

– Porque es un sitio maravilloso, aunque le falta sol. Ahora bien, hay otros lugares tan buenos como Galicia… No digo mejores, claro está...

– ¿Dejamos las afirmaciones tajantes para el nacionalismo?

– El nacionalismo es cosa de mediocres. Me sorprende que en Galicia exista nacionalismo.
– Eso requiere una justificación.

– Ni justificación ni nada. Los gallegos siempre fuimos ciudadanos del mundo, muy echados para adelante, para ir a trabajar fuera y afrontar nuestros problemas.

– ¿Y por qué crees entonces que el nacionalismo tiene peso mediático, legislativo y cultural?

– Porque es un invento tecnológico, el negocio de unos cuantos políticos, no te quepa la menor duda.

– Como sigas así, vas a perder unos cuantos amigos…

– Te equivocas también en eso. Sigo viendo y conservando a mis amigos gallegos de siempre y sigo yendo todos los veranos sin quiebra a la Toja. Ni ellos ni yo hemos cambiado.

– ¿Qué tienes de papá?

– Aclara…

– Del tuyo…

– Señorío y sentido de la responsabilidad, además de una libertad tremenda. Mi padre era una de esas personas que, si creía que tenías que comprarte un coche, te lo regalaba. Creía en mí.

– ¿Te enseñó a habitar el mundo con estilo?

– Nos enseñó a vivir muy bien. Pero también nos enseñó a que había que ganarse el dinero para poder seguir viviendo de esa manera.

Y ahí sigue. El suyo es un mundo de tradiciones que se desvanecen en el salón de pasos perdidos, entre las pérgolas agitadas por el viento cuando todos los invitados ya se han ido, aguantando tardes lluviosas en las que suena un piano y las luces del salón iluminan las páginas de un viejo cuento. Un mundo en el que combinar bien los colores es una cuestión de moral. Sé que ante mí hay alguien al que le desagrada profundamente la vulgaridad de la rueca del mundo y el bochornoso espectáculo de las mamonadas humanas. Josemi ha decidido combatir esa melancolía de un tiempo que tal vez nunca existiera, tiempo de gruñidos en algún Hispano-Suiza por sendero de grava, tiempo de casetas de playa en veranos infinitos:

"Mis recuerdos de Galicia son muchísimos… Allí están mi infancia y parte de mi juventud…"

– ¿Por qué marchaste a Madrid…?

– ara hacer Preuniversitario en el colegio Estudio.

– ¿Culminaste los estudios universitarios?

– ¿Estás de coña…?

– ¿Por qué lo dices?

– Un tío tan importante como tú debería saber que terminé Derecho en la Complutense, nada mal por cierto. Que tengo el sentido de la rectitud bastante bien forjado y que sigo muy unido a Galicia. Así que continúa por este camino, que es el camino de la verdad indiscutible.

– No te me pongas filósofo, ¿eh…?

– Ni tú agnóstico, no te fastidia éste…

– ¿Vuelves con frecuencia a la tierra?

–Mamá vive gran parte del año allí. Mi contacto es esporádico en lo físico, pero permanente en la presencia.

– Josemi…

– ¿Qué passsa…?

– No te me pongas en plan ambiguo.

– De ambiguo nada. Voy a Galicia de vez en cuando, de ahí lo esporádico; pero luego tengo cosas que me hacen estar presente permanentemente, como, por ejemplo, mis regalos. Los hago en la platería Ramón Fernández, de Vigo. Son las tradiciones familiares, ya sabes….

– ¿Lo de los medios fue de chiripa?

– Mi primera vocación fue la de arquitecto, pero tenía muy mala base de matemáticas, me asustaba su complejidad. También quise ser diplomático, pero se me cruzó el mundo del petróleo…

– Que te dio una pasta...

– Tuve una suerte fenomenal. Con la primera y única operación de petróleo en la que me metí, comprendí que había ganado más dinero que en cinco años en la carrera diplomática. Entonces me dije: "Josemi, la diplomacia no es lo tuyo".

– Y te fuiste al periodismo...

– Aterricé por azar en los medios a través de Miguel Ángel García Juez, que pidió el nombre de alguien que no estuviera relacionado con el mundo del periodismo, alguien que conociera muy bien a la gente. Se lo indicó mi amigo Pedro Guerrero, que entonces era presidente de la Bolsa de Madrid.

– No has parado desde entonces…

– Tanto que no he dejado de hacer radio ningún día del año, a excepción de sábados y domingos, que sólo trabajáis los que os va ese matarile de no tener ocio.

– ¡Pero qué me dices…! ¡Si tú trabajas hasta en agosto…!

– Pero desde un barco, desde una playa o desde un hotelazo...

– Y siendo más listo que los ratones "coloraos"…

– Ahí no. Yo no he sido más listo que nadie. Lo que pasa es que, cuando conoces a tanta gente y has tenido una vida en todo tipo de ambientes y mundos, acabas teniendo experiencia para conocer a las personas. No olvides nunca que a las personas lo que más les interesa son las personas. Eso está clarísimo.

– ¿Te equivocaste?

– Sé un poquito por dónde puede ir el tema. Es más, hay muchísimas veces en que pienso que me van a suceder ciertas cosas y me suceden. Es sorprendente, pero es así.
– No te creo…

– Pues el otro día, por ejemplo, me llamaron de un programa de televisión para proponerme vivir diez días como un mendigo... ¿Y sabes qué…?

– Que lo intuías…

– Más que eso: sabía que vendrían un día a hacerme esa propuesta y sabía que tenía que contestarles que no. Ni siquiera entré a discutir las condiciones…

– No me cuadra en un tipo como tú, francamente.

– Es que me parecía indecente aprovechar la vida de un mendigo para ganar dinero.

– ¿Lo que tienes te lo has ganado…?

–Lo van regalando por la calle…

–Lo digo por las lenguas de doble filo…

– Es una falsedad decir lo contrario. La gente recibe un premio y se lo dedica a su equipo, al equipo al que ha tenido machacado seguramente todo el día y al que al día siguiente casi no le da los buenos días. Yo no tengo ningún equipo. Si pudiera alguien sentarse en mi sitio, lo haría tranquilamente y se quedaría encantado.

– Hay quien dice que no necesitas trabajar…

– O aquello otro de: "A ti no se te puede pagar nada porque nadie vive de esto…" Ahora ya nadie se atreve a decirme esas cosas. Si trabajo es para el día de mañana no ser tan pobre como otros, así de claro.

– ¿Alcanzaste la felicidad?

– Pero qué pregunta, Enrique…

– Soy curioso, ya me conoces.

–Soy un ser relativamente feliz y me conformo como estoy, pese a todos esos problemas a los que cada vez doy menos importancia, como las envidias.

– ¿Te has impermeabilizado?

– A veces vienen y me cuentan: "Que te han puesto verde..." debo reconocerte que antes me llevaba un disgusto horrible. Ahora, sin embargo, pienso: "Vaya pérdida de tiempo…"

– ¿Rezas?

– Por supuesto, todas las noches.

– ¿A quién?

– Todos los lunes a la Virgen del Pilar y todas las noches de la semana a Dios, sobre todo para darle las gracias por el día que he tenido, que, toco madera, suelen ser buenos.

– ¿Por quién?

– Por mi familia, mis amigos y, si entro en una iglesia que es nueva, pido tres deseos.

– Rezarás por tu hermano Quique…

– Claro, es el hermano con el que tengo más contacto. Trabaja por mantener un patrimonio que viene de la época de mis abuelos y de mi padre. Se merece que el día de mañana ese patrimonio sea para sus hijos.

– En el fondo, eres un sentimental…

– Por favor, que eso quede entre tú y yo. Seamos discretos que hay mucho hijo de madre "sueltecita…"

Le pillo el tercer vistazo en dos planos a su Cartier de acero y oro. No me cabe duda: ha llegado a su tiempo límite. Se me excusa:

"Mira, Beotas, es que tengo una promoción de mi libro Cuestión de Ricos y luego tengo un bolo…"

– ¿Qué rendimiento le sacas a esa antipatía?

– Elegancia y sinceridad, que el dinero no siempre nos hace mejores.
– Tu lucha…

– Contra lo hortera, contra este mundo de hilo musical y politono que nos ha tocado vivir.

– ¿Cómo andas de convicciones?

– Bien armado.

– Jaime Gil de Biedma dejó escrito: "Yo nací (perdonadme) en la edad de la pérgola y el tenis". ¿Y tú?

– En una época en la que no se puede dejar de trabajar nunca.

– ¿Perdonas?

– Recuerdo pero no olvido.

– ¿Cómo vas?

– Siempre de cara.

– Me dicen que detestas el deporte.

– Sobre todo el de la puñalada por la espalda.

– ¿Pediste ya perdón por tus pecados…?

– Que lo pidan todos esos que, presumiendo de Brioni, gastan riñonera cuando nadie les mira… O aquellos a los que la riqueza no les ha sacado de la miseria moral…Bajo esa apariencia desapegada, algo altiva e impertinente, se esconde este tímido, que sólo pretende pasar por la vida divirtiéndose.

Muy personal

El coche. El mío, un Jaguar.

El traje. Los que me hace mi sastre londinense.

El vino. Si es blanco, Pazo de Barrantes; si es tinto, Marqués de Vargas.

El restaurante. Lucio, en Madrid, y El Mosquito, en Vigo.

La mujer. Nati Abascal.

El destino infalible. París.

El reloj. Mi Cartier Ballon Bleu.

El sueño eterno… Que se acaben el terrorismo y la crisis.

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