Sábado 07.02.2009
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Aterrizó ayer en la pantalla del Calderón una actriz indeleble. Lo fue Julie Christie como musa del swinging London, cuando la descubrimos en Darling y, ese mismo año, 1965, Hollywood pujó por ella y se la llevó para Doctor Zhivago, aunque el Oscar lo obtuviera finalmente por aquel papel de modelo libérrima que acrisoló todas las corrientes de energía alternativa que entonces removían el asfalto de la capital británica. Siempre nos quedará la sensación, pese a que en su filmografía cada aparición se cuenta por un chispazo de fuerza y de fascinación, de que el cine no supo aprovechar de todo las potencialidades extranaturales de esta actriz, que no entró de lleno en el star-system y tampoco encontró con firmeza su lugar en el cine realizado al margen de los estudios.
En todo caso, como en cada ocasión en la que ella surge, ayer asistimos a otro magnético recital de la Christie, que a medida que pasan los años se aclimata con una tersura formidable a papeles para los cuales otras compañeras de generación sólo podrían pasar después de hercúleos trabajos de cirugía plástica. En Lejos de ella, drama con el cual debuta como directora en largometrajes la actriz Sarah Polley, Julie Christie ofrece una de esas lecciones de la citada tersura física, gestual, de la mirada, al encarnar a una mujer que comienza a vivir el deterioro del alzhéimer.
En la medida en que Sarah Polley (actriz de algunos de los films de Atom Egoyan y de las dos últimas películas de Isabel Coixet) huye de mostrar la carcoma física y mental del personaje, Julie Christie escapa también de los recursos dramáticos más fáciles. Y, en correlación con un guión que se vale de forma muy inteligente de la pérdida de la memoria para escarbar no en los detalles de la enfermedad sino en los secretos de un matrimonio, en las deudas pendientes, en la capacidad de no olvidar heridas del tiempo, Lejos de ella se eleva por encima del previsible drama lacrimógeno y, si emociona, es desde la reflexión sobre la pareja y el olvido, sobre la generosidad y el silencio cómplice, sobre los ojos sabios y tan hermosos de esta actriz por tantas razones irrepetible.
Como sería poco menos que imposible que en algún momento el concurso de esta Seminci no pegara un resbalón, ayer tuvimos lo que más bien habría que definir como cacharrazo. El retorno del veterano realizador argentino Sergio Renan con Tres de corazones provocó audibles pateos en el pase de prensa.
Este cronista reconoce la maldad de la película de Renan, su planificación chapucera, lo jocoso de ese guión en donde se mezcla el folletín de prostitutas en busca de redención con la presencia de chulos de violencia tarantiniana y estética indescriptible. Pero hay que ser agradecidos: a mí ese gánster paquidérmico de Tres de corazones, con su vocación de cantante de baladas de los 60, esa especie de Tony Soprano rioplatense y hortera, me hizo reír mucho. No va uno a sumarse a abuchear a quien le ha provocado carcajadas non sense en una proyección matinal.
Manuel de Falla
El cineasta argentino José Luis Castiñeira presentó en Valladolid el documental Manuel de Falla. Músico de dos mundos, que reconstruye los últimos años de vida del músico en su exilio en Argentina .
