Jueves 26.02.2009
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Veo en los informativos que llevamos un diciembre brutalmente lluvioso, o maravillosamente lluvioso: según se mire. Basta con salir a la calle en esta hermosa ciudad para saber que la lluvia ha vuelto. Vuelve, además, con ciertos toques de ferocidad: olas gigantes que estimulan a las cámaras, siempre buscando the big one. Y un viento pendenciero que abraza las torres y mutila las copas de los árboles. Esperando el frío, la lluvia se ha convertido en el gran temor del puente de diciembre. Ahí está, azotando la piel del paisaje, precisamente en este año azotado por esa otra gran galerna de la crisis. Detrás de cada corresponsal hay un río que busca un cauce olvidado.
No me extraña que los informativos estén en lo más alto. Tal vez el resto de la televisión ya no interesa, o tal vez estamos demasiado asustados con la realidad como para permitirnos pasar un rato en la ficción. Cada día, los telediarios de TVE, Antena 3 y Telecinco se hacen con los mejores números de audiencia, con muy raras excepciones. Nunca los telediarios tuvieron este dominio sobre el resto de la parrilla. Ignoro si la información del tiempo va incluida en este éxito, pero imagino que sí. Y también el deporte, que ya ocupa tanto como el resto de las noticias: a veces el deporte es lo único que produce cosas positivas. Sin embargo, leo un informe que asegura que son los sucesos y las noticias truculentas los contenidos que realmente han lanzado a los informativos a lo más alto. Me gustaría pensar que el morbo no se ha introducido también en los noticiarios: ya hay pocos lugares a salvo. Otro informe dice que España perderá un veinte por ciento de lluvia con el cambio climático. Si eso va a ser verdad, será mejor que guarden en la memoria días como estos. Será recordar el paraíso.
