Martes 17.06.2008
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De la misma forma en que Sofia Coppola tendrá mucho que remar para que algunos olviden sus orígenes, por lo visto ayer en la ópera prima de Lucía Puenzo, XXY, tal vez sea suficiente la valiente manera en la que la hija de Luis Puenzo aborda en este film de debutante una compleja historia de identidad sexual fronteriza para que el autor de La historia oficial y pocas cosas más pase a ser reconocido como "el padre de Lucía".
Se enfrenta XXY a un material sumamente peligroso como el despertar adolescente a la sexualidad, tan cargado ya de tópicos y de referencias en la pantalla sobre sus espaldas. Pero es que el riesgo de esta historia es mayúsculo porque las fibras que toca son especialmente delicadas. Tanto que si no se afina mucho la sensibilidad en el tratamiento (algo que Lucía Puenzo hace hasta niveles insospechados en una primeriza) se puede caer en el exceso por freakismo o en el defecto por sensiblería. Porque la dualidad biológica del personaje en torno al cual giran todos los demás, en esta playa perdida de la costa uruguaya en donde sus padres (unos sobrios Ricardo Darín y Valeria Bertuccelli) se refugian para proteger la singularidad de su hija, se va desgranando en un proceso de notables sobreentendidos de guión, hasta llegar a una secuencia cuya explicitud física, sexual, tan abrupta, tan subrayada como necesaria, no hace sino propulsar la película hacia un proceso de asunción de miedos, de autoconocimiento, de coraje, en una tarea en la cual sobresale la joven actriz Inés Efrén, cuya androginia al tiempo violenta y delicada se apodera poco a poco de la pantalla hasta hacerla suya y lograr que la película halle nuevos matices, se enriquezca.
Un apelmazado y confuso dramón
Nada invita a interesarnos por lo que, en lo sucesivo, hagan de su carrera los realizadores polacos Krzystof y Joanna Krauze. Lo digo por lo visto ayer en su Plaza del Salvador, confuso y apelmazado dramón que, al inicio, se orienta hacia la denuncia social de un país en grave crisis económica, para derivar después hacia la tragedia de corte familiar .
