Jueves 18.03.2010
| Actualizado 20.36
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En los anuncios publicitarios rara vez faltan los humanos. Ello te ayuda a sentirte identificado siempre que no tengas los pies verdes. Las promociones también sacan familias, niños, perros, más niños, singles, más niños pero sobre todo... parejas. Anestesiado por la dormidera de una honda sesión de sofá, cuando veo muchas veces un mismo spot acabo inventando mundos, proyectando en la imaginación cómo serán sus personajes cuando la cámara se apaga. Es como una versión libre de Los Sims. Veamos el reciente anuncio de lotería nacional: ella era atípica... tanto que distinguiría un fuera de juego de un córner sin preguntar jamás por ello; y él... no era típico, hasta el punto de ir de tiendas sin reloj en la mano ni prisa por dentro. Como diría un guionista, huir del arquetipo puede ser abrir un puente hacia el lado contrario, y aunque todo está muy visto no lo está todo por igual. Antes del calvo de la lotería hubo un mundo, pero no lo parece; tras su desaparición, hay otro, pero nos cuesta reconocerlo. Siempre hacen falta banderas, sean de trapo o piel moderna. ¿Cómo superar la ausencia de aquel ángel? La duda encarece la respuesta, pero la borrasca monetaria, sin querer, ha sepultado la larga sombra alada. "El toque humano de la suerte". Leída dos veces, trastabillas el sentido de esa frase porque la fortuna es tan bella y ciega como la (in)justicia, e incluso hay quien jura que son amantes, pero eso ya es pisar huerto de tomate y negarle al misterio su cerco de intimidad. Repito: "El toque humano de la suerte". Ese fue el lema inicial de la campaña del sorteo navideño. Lo ha confesado en Radio Obradoiro (102.1 FM) Lucía Pérez, directora creativa de Ricardo Pérez Asociados, agencia responsable del spot, estrenado al final con un grito comercial más crudo... ¡Anímate! "Grabamos el anuncio en junio, pero según pasaban los meses, se hablaba más y más de la crisis, y fue cobrando fuerza la idea del... anímate". El vídeo se abre con un muñeco de nieve que agarra vida, "efecto que, con otros trucos animados, supuso cinco semanas de posproducción", recalca Lucía. Superada la primera tos de rabia, les diré que el gordo ha rozado a mi familia. Sí, cierto, el roce hace el cariño, pero la economía sabe poco de poesía, es desalmada, y ni siquiera dio pedrea. Mi hermana desayuna en la cafetería bilbaína que ha esparcido millones pero, ésta vez, no compró allí ¿su? décimo, y sembró en otro lugar una opción que latía entre 85.000 papeletas. ¡Anímate!, juega al sorteo del Niño, le dicen, nos dice, la tele. Quizá, pero ya no es lo mismo. Y como añade ella... "Esa lotería suena machista".