Lunes 22.12.2008
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Gente y comunicación » Gente con historia
Aunque parezca mentira, solo con 3.000 millones de euros –la mitad de lo que costó la T4 de Barajas– de inversión mundial sería posible erradicar el hambre severa aguda que afecta en todo el planeta a 19 millones de niños. No son los únicos que están desnutridos. Isabel Iglesias, delegada en Galicia de Acción contra el Hambre, recuerda que la desnutrición se ceba en 55 millones de pequeños. Esa cifra es ínfima en comparación con los más de 2,2 billones de euros que muchos gobiernos van a inyectar en entidades financieras para salvarlas de la quiebra o de una posible crisis. Son las paradojas de un mundo que, según el informe de esta ONG en el Día Mundial de la Alimentación, conoce las soluciones para combatir el hambre pero no las aplica.
"En Níger vimos la realidad del hambre, una verdadera enfermedad de la que mueres si no tienes tratamiento", explica Isabel Iglesias, mientras muestra en su mano un medidor del diámetro del antebrazo de un niño desnutrido. La experiencia en el país africano fue impactante. "Son niños que están apáticos, faltos de energía y de vida; niños que no pueden ni mamar del pecho de su madre. Es el hambre delante de tus ojos", recuerda Isabel.
Los diez días que pasó Isabel en Níger, con el artista noiés Alfonso Costa, en 2006, tuvieron continuidad en Nicaragua un año después. Allí estuvo en compañía de Fernando Bellas. Esta santiaguesa, que comparte con su familia el trabajo en Acción contra el Hambre, se inició en labores de voluntariado desde joven. "Ya daba clases de apoyo desde los doce años", afirma con una sonrisa. Luego el voluntariado le llevó a tratar con mayores o a labores de psicología de la educación, hasta que en 2005 se hizo cargo de la delegación gallega de Acción contra el Hambre.
A Isabel se le ilumina la mirada cuando, con rotundidad, afirma que "el hambre en su estado más grave tiene tratamiento". Y que solo "con 40 euros salvamos a un niño, porque esa pequeña ayuda le da una segunda oportunidad".
Se refiere al tratamiento que evitaría la muerte de 5 millones de niños al año, un triste récord que pone de manifiesto la virulencia del problema. Es una bolsa que se conoce por sus siglas en inglés, RUTF (Ready to use therapeutic food), con un preparado alimenticio. Isabel explica que está dispuesto para ser administrado domiciliariamente. "No hay que cocerlo, se conserva con altas temperaturas y durante mucho tiempo", con lo que no es preciso, salvo que sea necesario, "que los niños ingresen en hospitales".
"En Níger vimos un caso de marasmo y de kwashiorkor, que estaban para ingresar en el hospital, aunque este término, con las condiciones de allí, sea un tanto eufemístico", cuenta Isabel. Marasmo y kwashiorkor son dos de las manifestaciones de la desnutrición severa, con cuerpos esqueléticos o hinchazón provocada por un hígado hipertrofiado, respectivamente.
"Una madre decía ‘cúreme a mi hijo que está enfermo de hambre’, cuando vino a pedir ayuda", relata Isabel tras su paso por Níger. Y asegura que "después de ver las caras del hambre, no se puede
seguir igual".
