Lunes 22.12.2008
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Gente y comunicación » Gente con historia
Mónica Forteza Monfort (Valencia, 1973), licenciada en Psicología por la UNED, padece una distrofia muscular de cintura hacia abajo, una enfermedad genética degenerativa que se le manifestó a los nueve años y que le resta fuerza en sus piernas. Pero ello no le impide ayudar a otros discapacitados aportándoles no sólo su asesoramiento sobre derechos sino una tremenda ilusión por concienciarlos a mejorar su calidad de vida. Y además se muestra reivindicativa con respecto al incumplimiento de las normas sobre las barreras físicas.
"He pasado por todas las fases de personas con movilidad reducida, primero problemas para andar, después llevé muletas y finalmente estoy en una silla de ruedas, y dependo del avance de la medicina en la investigación de células madre", nos apunta con entereza.
"Nunca he visto mi discapacidad como algo traumático, cierto que es difícil llevar esta enfermedad pero la clave es saber que te tienes que ir adaptando y saber lo que puedes hacer", afirma, y precisa: "Lo fundamental consiste en tener estrategias mentales, desarrollarlas y practicarlas para, observando el entorno, saber cómo te puedes adaptar y hacer una vida normal como cualquier persona".
"La discapacidad no la define la persona sino los problemas a los que se tiene que enfrentar", manifiesta.
Se queja de las barreras físicas, aunque reconoce que "en A Coruña se está haciendo mucho, los vados de pasos de cebra y el acceso a los museos tendrían un aprobado, en autobuses la mitad están adaptados, como las oficinas públicas, pero mi vida no es sólo pasear, subir a un autobús o entrar en un edificio público, es algo más, hay un gran suspenso en muchas ciudades como ésta al entrar en comercios, en cafeterías u hoteles porque no están adaptados".
Mónica, tras licenciarse tardíamente en Psicología, está plenamente involucrada en la lucha para eliminar las barreras. "Cuando en 2000 empecé en una silla de ruedas, me di cuenta de que me limitaba al enfrentarme a escalones o que al no encontrar un Eurotaxi debía coger un autobús y supe que, pese a la normativa de que están obligados a llevar rampa de acceso, los compraban sin ella", a lo que añade: "Hablé con la empresa y con el Ayuntamiento y vi que se podían conseguir cosas con diálogo pero siempre sabiendo cuáles son tus derechos, y más tarde empecé a colaborar con Grumico, donde trabajo desde el inicio de 2008".
"Este trabajo es duro porque después de muchas reuniones a veces consigues tan sólo una respuesta positiva de cada diez peticiones y sientes mucha impotencia", indica.
"La administración pública ve la eliminación de barreras como exclusivo para personas discapacitadas y eso es un error, porque beneficia a todos", afirma Mónica, quien opina: "Siempre se piensa que es un tema de asuntos sociales y es una materia multidisciplinar; se precisan concejalías específicas, como ya hay en Málaga, ya que son importantes para las normas de edificación".
"Mi trabajo consiste en ofrecer asesoramiento en temas de barreras, desde Grumico intentamos dar respuesta y nos encontramos que continuamente se están infringiendo los derechos de las personas con discapacidad, como el de una vivienda digna porque las hay que no tienen un ascensor ni recursos económicos para instalarlo y no tienen respuesta de la administración". "Además nos encontramos con comunidades de vecinos insolidarias que encima ponen trabas", agrega.
Otra cuestión que denuncia es "la figura del asistente personal que recoge la Ley de Dependencia, norma que nos ha decepcionado a todos porque no ha sido lo que esperábamos", asegura.
"Cuando se habla de discapacidad y autonomía el pilar básico es la accesibilidad, y si no se accede a algo en nuestro entorno las dificultades se convierten en problemas y éstos al final provocan mayor dependencia y menor autonomía", dice Mónica, quien desde 2004 espera la concesión de un perro especial de asistencia.
