Lunes 22.12.2008
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Tuve la suerte de conocer a Victoriano Crémer ya en los últimos trancos de su vida, gracias a un buen amigo, escritor también, y también tristemente desaparecido: Antonio Pereira. Crémer vivió más de cien años, y su trayectoria periodística y literaria es tan importante que debería estudiarse en los manuales de literatura, más allá de su aparición, imprescindible, como fundador de la revista de poesía Espadaña, junto a Antonio González de Lama y Eugenio de Nora. Leonés de adopción y de alma, como Gamoneda (llegó a la ciudad a los diez años), la poesía de Crémer, social en gran medida, atraviesa el siglo con un fulgor extraordinario. Aunque aparecidos en 2009, es justo regresar en estas líneas a los dos magníficos volúmenes de gran parte de su poesía que ha dado a la luz la editorial Calambur. El poeta de Nuevos cantos de vida y esperanza, La espada y la pared, o Tacto sonoro no abandonó nunca su amor por los humildes, su pasión por los más desfavorecidos y su memoria de la guerra. La muerte, en fin, aunque vino a visitarle a edad ya muy avanzada, fue también, como la soledad, uno de sus grandes temas. Es, sin duda, un poeta imprescindible que debe permanecer en la memoria. / José Miguel A. Giráldez
