Martes 09.09.2008
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| Perfecto Anido Blanco con una de las carozas que elaboró, y que está dispuesto a donar a un museo FOTO: m.m.o. |
Anido fue toda su vida labrador, pero también un reputado maestro carpintero, y de sus manos salieron carros enteros o arados romanos. Sin embargo, tiene una especial predilección por la cestería, que aprendió a elaborar viendo como los suyos fabricaban canastos. Todavía sigue haciendo cestas (el grande lo vende a 15 euros, y le lleva dos horas hacerlo) e, incluso, ha inventado una especie de frutero con peanas que comercializa a 20 euros, "porque me pode levar un día enteiro facelo".
En San Martiño
En sus años mozos elaborar corozas suponía un ingreso extra en casa. Uno de los lugares donde mejor se vendían era en la feria noiesa de San Martiño, "pero non se pagaban moito, porque xuncos había a moreas", recuerda con una sonrisa. Necesita un par de días para elaborar el traje entero, y una de las partes más trabajadas son las polainas, "que me poden levar medio día". También recuerda como en la cocina del hotel San Francisco de Santiago se quedaron entusiasmados con unos posafuentes que creó, "tanto que dicía que era mellor poñelos de adorno na parede, como un cadro". Perfecto Anido, casado y con tres hijas, lamenta que ninguna perpetuara su legado, aunque reconoce que la tradición forma parte de unos tiempos ya pasados, más duros. Muy cerca de él convive otro artesano, al que apoda O Rei de Boiro, que elabora cestos pero con madera de carballo.
Recolección, secado y doblado de juncos
Este artesano recuerda que la materia prima con la que elabora sus cestos crece en cepas. Recóllense en decembro, ou coa lúa de xaneiro, e logo deixanse un mes para que sequen". Cuando tienen la textura idónea ya se puede trabajar, empezando siempre por la base y dándole luego altura. Es esencial la paciencia.
Cursos para las mujeres rurales
Perfecto Anido ha impartido cursos de cestería para la asociación local de mujeres rurales, pero cree que esta forma de artesanía no caló demasiado entre los asistentes. "Empezaron seis ou sete, pero se desa- nimaron", confiesa, reseñando que "é unha pena que esté vello, cansado e con pouca vista para seguir dando cursos".