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LLEGA LA NUEVA TRANSICIÓN

El pueblo recupera al fin los jardines de los intocables ‘señoritos’

De cómo las grandes fincas de aristócratas y potentados pasan a la propiedad pública // Modelo a seguir: los jardines de la marquesa de San Sadurniño podrán ser usados por los vecinos // El parque, hasta ahora vetado, se abre a antiguos sirvientes

PATRICIA HERMIDA • SAN SADURNIÑO   | 12.10.2008 
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Secundino García posa ante los jardines de San Sadurniño, recuperados por fin para los vecinos

Cae la tarde sobre los excelsos jardines de San Sadurniño, y la modorra invade a los invitados de la marquesa. Las tazas tintinean sobre la mesa de té, y algún abejorro ronronea sobre los últimos restos de pastel. Hasta que los ociosos señoritos deciden matar el aburrimiento con una partida de pelota. Portando boinas y calzando zapatillas, llegan exhaustos los pequeños recogepelotas. Niños de la aldea, hijos de labradores, que siempre usaban guantes. "E que nunca podiamos tocar os elementos de xogo coas mans", como recuerdan los empleados supervivientes.

En aquellas fotografías descoloridas de antaño, protagonizadas por damas con perrito y caballeros con monóculo, los lugareños sólo aparecían de refilón. Preparaban las tartas, regaban el césped o lavaban las sábanas, pero jamás protagonizaban aquellos retratos de unos tiempos sólo reservados para ricos.

Hasta que la democratización no sólo ha llegado a las clases sociales, sino también a las propiedades. El pueblo de Galicia asiste a la recuperación de sus tierras. Los hermosos pazos y torreones, escenario de fiestas y muchas veces alzados con las rentas de los jornaleros, ya no son cotos de caza para aristócratas y grandes propietarios. Y la Dirección Xeral de Patrimonio empieza a reclutar aquellos enclaves de gran riqueza cultural, e incluso obliga a sus herederos para que abran sus puertas al público. Los últimos ejemplos de esta tardía transición en los potentados gallegos: los pazos de Meirás y de Pambre.

Aunque para democratización pacífica, la de San Sadurniño. Hace sólo cincuenta años, los caminos se cortaban cada vez que la duquesa de la Conquista y condesa de Cumbres Altas paseaba en su carruaje. Paisanos que iban al trabajo o a sus casas tenían que aguardar horas, mientras desfilaba el séquito de doña María de la Natividad Quindós y Villarroel, más conocida como marquesa de San Sadurniño. Los vecinos nunca pudieron entrar en sus propiedades, sólo en los terruños y chabolas arrendadas a las familias. Pero el veto ha terminado. El Ayuntamiento ha recuperado sus magníficos jardines, trabajados por los mayores del pueblo cuando eran críos en etapa escolar. La Dirección Xeral de Patrimonio los cede a la propiedad municipal, y las tierras se dedicarán al bienestar del pueblo.

Pero esta historia llega a un final feliz, por azarosas cuestiones de linaje. La marquesa falleció sin descendencia y fue enterrada en el convento de O Baltar, también de su propiedad. Legó el pazo y los jardines de San Sadurniño a la Fundación Hijas de Cristo Rey, que los convirtieron en un hospicio. Pero cuando las monjas abandonaron el torreón, Patrimonio retomó el hermoso espacio con campos de más de dos hectáreas para cedérselo ahora al Ayuntamiento. El alcalde y adalid de esta iniciativa, Secundino García, recalca que "o obxectivo pasa por recuperar o máis fielmente posible aquel xardín dos anos 20".

Además, la Consellería de Industria presidida por Fernando Blanco ha invertido 173.726 euros para "unha conservación que permitirá proxectar San Sadurniño a nivel turístico". El idílico espacio modernista se promocionará "para ocio colectivo e coñecemento histórico". Por un lado, tendremos valores del pasado: con la historiografía de la Casa de Andrade, la de Lemos y el Marquesado de San Sadurniño. Y por otro, renacerán los jardines "con árbores froiteiras centenarias e palmeiras", en increíble paraíso indiano.

En las últimas décadas, los jardines sólo se usaron en momentos puntuales, como festivales infantiles o de música. "E nos tempos da marquesa só entraban os señoritos e os demais traballaban", explica Secun- dino. Ahora incluso se alzará una pista deportiva en el jardín inglés.Y los que antes recogían las pelotas muy pronto podrán ver a sus nietos jugar al baloncesto bajo el sol.

EL FIN DE LA PENUMBRA

El paraíso en telarañas renace de sus cenizas

Hasta los castillos entre telarañas guardan hermosos recuerdos. Las ranas croan en los tres estanques del jardín de San Sadurniño, aguardando por los futuros invitados. Y las fuentes se arrojan con la alegría de los años 20 sobre las cascadas, observadas atentamente desde el mirador de la marquesa. Los cisnes dan parsimoniosos rodeos acuáticos. Y un grupo de marineritos intentan rodear con sus brazos el secuoya.

Mientras tanto, las familias se hacinan en casuchas arrendadas. O los más afortunados se convierten en caseros en O Val. Todo cambió. Los nietos de los arrendados ya son veterinarios. Los caseros formaron cooperativas en los años 60. Y los jardines se convertirán en ocio para domingueros.

El alcalde sueña con que el palacete pase pronto a manos del Ayuntamiento, para usos municipales y cedido por Patrimonio. Todas las familias recuerdan que "a marquesa só viña en vacacións cobrar as rendas dos que traballaban as terras". Secundino afirma que "o pobo se chamaba a Vila da Tranquilidade, pero a tranquilidade só era para ela" .