Martes 09.02.2010
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Actualizado 20.30
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| Albert Espinosa, durante la entrevista con Efe sobre su novela FOTO: Xavier Bertral (Efe) |
Espinosa (Barcelona, 1973) llegó a esta conclusión tras descubrir durante sus diez años de enfermedad que hay un estado intermedio entre la amistad y el amor, que existen personas "a las que se puede abrazar durante horas" sin que inspiren deseo, personas que son "especiales".
Tal y como reconoce, el cáncer le ha aportado muchas experiencias y nuevos valores sobre las relaciones interpersonales que ha recogido en su primera novela, El mundo amarillo.
Su enfermedad, entre los 14 y los 24 años, coincidió con los años más importantes de una persona: cuando crece, madura y adquiere las primeras bases sobre las que construirse.
A los catorce años le detectaron un cáncer que le obligó a sustituir los pupitres y los compañeros de escuela por el hospital y el personal médico, y que le hizo perder una pierna, un pulmón y medio hígado.
El escritor explica que, entre camillas y tratamientos, descubrió lo que él denomina como "un mundo amarillo", en el que la amistad y el amor entran en un nuevo estadio, y asegura que ha realizado hasta veintitrés descubrimientos que "son lecciones que también sirven para vivir cuando estás sano".
"Creo que es muy importante que cada cosa tenga su nombre y estando enfermo descubrí a gente y a cosas que no lo tenían", asegura Espinosa en este sentido.
Su nuevo mundo fue bautizado con el nombre de "amarillo" porque "es el color del sol", y el escritor define a los amarillos como "aquellas personas que son especiales en la vida de alguien, que se encuentran entre el amor y la amistad, y que no es necesario verlos a menudo o mantener contacto con ellos; el cariño, la caricia y el abrazo son la forma de relacionarse".
Entre sus descubrimientos, que forman parte del mundo "amarillo", hay trucos para saber si se quiere a alguien o para no enfadarse nunca, y conceptos como "no existe la palabra dolor" o "cuando estás viviendo deberías tener un historial vital".
Espinosa explica en uno de los capítulos cómo del drama de perder una pierna -a la que le hizo una fiesta para despedirse- pudo llegar a la conclusión de que "las pérdidas son positivas".
"Estamos en un mundo en el que parece que no se puede estar triste, pero es necesario pasar un duelo con cada pérdida y debemos aprender a perder".
Afirma que "el cáncer nunca formará parte de mi pasado", y es consciente de que puede volver a enfermar, pero desde que fue dado de alta ha aprovechado muchísimo su "día a día".
Fue de los pocos que siguió los estudios ingresado, se licenció en Química y ha seguido el consejo de uno de sus compañeros de hospital, ya muerto: cambiar de trabajo cada seis meses.
Polifacético
Ha dirigido cuatro películas (Planta 4.ª, Va a ser que nadie es perfecto, Tu vida en 65 minutos y No me pidas que te bese porque te besaré), ha escrito guiones para TVE y Televisión de Cataluña y colabora con diversos medios .