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memoria de los días

JOSÉ VILAS NOGUEIRA CATEDRÁTICO DE CIENCIAS POLÍTICAS

Hipotensión zapateril

18.02.2008 
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Según su etimología, el alma y el espíritu son sustancias neumáticas. Se muere por la boca, no sólo el pez o los viejos indebidamente enamorados de Castelao; también Zapatero y nuestros intoxicadores maestros del periodismo y la intelectualidad progre. El gran farsante (sonrisa cínica, mirada vacía, retórica mendaz) simula haber perdido aire. Él y su médico Gabilondo, acreditado especialista en la des-información, han coincidido en diagnóstico y tratamiento: el paciente necesita aire, tensión, drama. Pero el drama zapateril lleva ya cuatro años en cartelera. Si se prorroga, no habrá novedad en el teatro, aunque habrá que seguir pagando el billete; y el espectáculo no es barato.

Pretenden hacernos creer, el presidente y su experimentado doctor, verdaderas madres Teresa, que hasta ahora se habían ocupado excesivamente de las dolencias de los oponentes, afectados de hipertensión, bilis negra y otros malsanos humores, que les han incapacitado para disfrutar de la pax zapaterina, feliz alianza de civilizaciones, de Estados sin nación y naciones sin Estado, de ennoblecidos asesinos y avilantadas víctimas. Paz tan acreditada que el bueno de Francisco de Asís amarillearía de envidia. Aparentan estas benévolas gentes que ha sido tal su entrega a la felicidad ajena, que han visto debilitada su salud y los ha dejado con la tensión por los suelos.

Menester es tranquilizarlos ante este achaque hipocondríaco. No hay novedad en la dolencia, ni en el tratamiento. Desde la campaña electoral de 2004, los socialistas han practicado sistemáticamente la tensión y el drama. Necesitaban, y necesitan, dividir la sociedad, crear una situación de guerra civil latente, para asegurar su poder. El menguado Zapatero, con su aire de no haber matado una mosca, es consumado secuaz de la táctica soviética de atribuir al opositor las propias maldades y crímenes, para justificarlos posteriormente como medidas de retorsión o defensa. En general, los regímenes comunistas se han presentado como los más decididos valedores de los derechos humanos, la democracia y la paz. Pero en la realidad, es difícil encontrar regímenes más crueles y sangrientos, tiránicos y belicosos.

A su semejanza, la política zapateril está edificada sobre el odio y la deshumanización del adversario político. Afortunadamente, el arte de la manipulación política se ha desarrollado tanto, que el control de los medios de comunicación de masas, la propaganda y la corrupción con cargo a los dineros públicos son hoy instrumentos más eficaces y económicos que los campos de concentración y los pelotones de fusilamiento. Las tiranías socialistas clásicas siguen siendo muy apreciadas por los progres, con arrobo semejante al que experimenta el ciudadano de una metrópoli moderna ante la contemplación de las costumbres de los pueblos todavía confinados a un estado salvaje. Pero no se compadecen con la vida moderna.

El argumento del drama es, por tanto, bien conocido. Hay unas gentes muy buenas y altruistas, entregadas sin descanso a la felicidad del "pueblo". Son socialistas, progres (mayormente artistas, escritores y profesores), comunistas, nacionalistas separatistas, etc. Hay otros muy malos y egoístas, empeñados en fastidiar al "pueblo". Son conservadores, liberales, obispos y curas, españolistas, etc. Son muchos y feroces y amenazan a Zapatero, gentil paladín de los buenos. Lamentablemente Bertolt Brecht ha muerto, pero nos queda Gabilondo. Él se ocupará del montaje y la dirección. Confío en que haya vida más allá del teatro.