Jueves 31.07.2008
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Santiago| local@elcorreogallego.es |
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| La canadiense, en un momento de su actuación de anoche en la Praza da Quintana FOTO: Fernando Blanco |
La velada continuó subiendo en intensidad con algunos de sus temas más conocidos, como The mummer's dance, Bonny Portmore, Marco Polo o The mystic's dream. Por supuesto, no podía dejar de sonar su Santiago, con el que se metió al público en el bolsillo.
Mención especial merecieron sus nueve músicos, los mismos que la acompañaron en los conciertos de la Alhambra y que anoche demostraron que se han ganado a pulso el derecho a tocar en escenarios tan especiales. Por momentos, parecían la versión de carne y hueso del coro de ancianos del Pórtico de la Gloria: el sonido de la zanfona, el laúd, la darbuka o el arpa encajó al milímetro con el piano, la guitarra eléctrica, el violín, el acordeón o la batería.
La cuidadísima puesta en escena y el ya de por sí mágico escenario de la praza da Quintana hicieron el resto, convirtiendo el recital en una continua sucesión de emociones cambiantes y evocadoras. Su música encajó con Compostela, haciendo que todo el mundo se sintiera un poco más pegado a sus raíces y más cercano a su tierra durante la hora y media que duró el hechizo. El público tuvo uno de esos inusuales viajes astrales en el que recorrió Mongolia, Marruecos, Bizancio, Turquía, Grecia o los países escandinavos, de la mano, o mejor dicho, a través de la voz de esta médium celta que fue anoche Loreena McKennitt.
Ella se lo guisa...
... y ella se lo come. En 1985, Loreena McKennitt fundó su propia discográfica, Quinlan Road, para sacar su primer trabajo, Elemental. En los primeros momentos, la gestionaba desde la mesa de su cocina. Sin renunciar a ser su propia mánager, lleva vendidos 14 millones de discos por todo el mundo n