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Inmigrantes: vidas rotas en busca de una salida

Aunque en otro país todo es más complicado, son muchos los que logran salir adelante bajo el paraguas de Cruz Roja // Venezuela ha desbancado a Cuba en la demanda de asistencia que registra la sede de Santiago // Con la ayuda de técnicos y voluntarios, aprenden el idioma y consiguen un trabajo // Casi 300 personas se sumaron en 2015 al Plan de Empleo

María Jesús García Raposo, izquierda, y Leonor Silva, técnicas de Cruz Vermella en Santiago - FOTO: Rocío Ovalle/Cruz Vermella
María Jesús García Raposo, izquierda, y Leonor Silva, técnicas de Cruz Vermella en Santiago - FOTO: Rocío Ovalle/Cruz Vermella

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 09.03.2017 
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Llegan a otro país con poco más que la esperanza a sus espaldas. Muchos vienen escapando de situaciones de conflicto que ponen en peligro sus vidas, han perdido a su familia, desconocen el idioma y, más de una vez, la hostilidad frena aspiraciones mínimas. Otros huyen de economías ahogadas y aterrizan en España convencidos de aquí hay oportunidades. El golpe viene después. Cuando la realidad y sus prismas se ponen delante. Los mejor parados van a dar a Cruz Roja. Ahí encuentran una red de apoyo para aprender a comunicarse, buscar un empleo y sobre todo tejer el camino hacia la integración.

En las clases de castellano y alfabetización que la organización humanitaria imparte en Compostela hay 14 inscritos: seis marroquíes, dos portugueses, un rumano, un brasileño, un nigeriano, un paquistaní, un colombiano y un español. La mayor parte vienen derivados de Servizos Sociais. El año pasado se sumaron al programa 23 personas. “Cuando se trata de alfabetizar adultos, la edad es un obstáculo brutal. Parten de un nivel muy bajo y requieren mucha atención”, explica Leonor Silva, técnica de Inclusión en la oficina de Santiago. A cargo de voluntarios, hace ya siete años que se pusieron en marcha los cursos. “Se dividen en dos grupos. Muchos ni siquiera hablan español”, continúa. Las sesiones se celebran cada lunes en la sede de la avenida de Lugo 42 y duran hora y media. Suelen irse para casa con alguna tarea.

“La aceptación es muy buena y en general evolucionan de forma positiva. Aquí han llegado personas mayores que no sabían ni leer ni escribir”, recuerda. Madalena es una de las voluntarias. “Es una enorme satisfacción ser testigo de cómo una persona sale adelante. Ellos te dan mucho”, confiesa. Para ella, la docencia siempre ha sido una cuenta pendiente. Aunque era un campo que le resultaba atractivo y en su día dio clases particulares, enfocó su carrera hacia el sector sanitario. Hace ya cuatro años que decidió dedicar parte de su tiempo libre a los demás. “Estoy impresionada con lo que alguna gente es capaz de sacar de sí misma”, admite. Especial empeño ha puesto en que María llegue el curso que viene al instituto.

Superado el hándicap del idioma, toca buscar un sustento. Cruz Roja también tiene un plan específico de empleo que se ha ido ampliando según los escenarios que abría la crisis. Dirigido a inmigrantes, en 2006 había un único programa y hoy son siete (los otros seis enfocados a ciudadanos españoles). La tasa de inserción se sitúa entre el 50% y el 60%. Para todos es complicado encontrar un puesto de trabajo, pero a los que vienen de fuera les resulta todavía más difícil. “Les cuesta mucho hacerse a lo nuevo”, apunta María Jesús García Raposo, técnica del Plan de Empleo de la oficina de Santiago. En 2016, 269 inmigrantes participaron en este programa que cuenta con el apoyo del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y del Fondo Social Europeo a través del Programa Operativo de Inclusión Social y Economía Social (POISES).

Desde hace un año, Venezuela ha desbancado a Cuba a la hora de demandar asistencia en la central de la avenida de Lugo 42. “La inseguridad, el desabastecimiento y la inestabilidad política del país les empujan a emigrar”, argumenta Raposo. De raíces gallegas, conservan una red familiar muy precaria. “Casi siempre son personas mayores, que viven y trabajan en el campo y no les pueden asesorar fácilmente. Pero entre ellos se ayudan mucho y entre ellos crean su propia red”, prosigue. El 80% de los venezolanos que desembarca en Compostela posee un título universitario y anteriormente trabajaba en la administración pública. Una vez aquí tienen muchas dificultades para homologar los títulos y continuar desempeñando la misma profesión. “Es sorprendente cómo se amoldan a los cambios. Pasan de un nivel de vida medio-alto a otro muy bajo”, advierte. Pero se reciclan y salen adelante.

En Santiago, las oportunidades se concentran en el sector comercial y la hostelería. Duneska es ingeniera, pero cuando se instaló en Galicia no le quedó otro remedio que cambiar de rumbo para encontrar un trabajo. Hizo un curso en el Centro Superior de Hostelería de Galicia y ahora es recepcionista de un hotel. A Cruz Roja le debe mucho. “Ha sido mi casa en los momentos más duros. Cuando acabas de llegar a España, hay un período en el que te sientes muy solo, aunque estés rodeado de mucha gente”, advierte.