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Duneska, la ingeniera venezolana que se hizo recepcionista de hotel

Lleva más de una década en España y, con ayuda de Cruz Roja, tuvo que reciclarse para encontrar un trabajo

De origen venezolano, Duneska llegó a España en 2005 para trabajar en un proyecto de investigación - FOTO: Ramón Escuredo
De origen venezolano, Duneska llegó a España en 2005 para trabajar en un proyecto de investigación - FOTO: Ramón Escuredo

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 09.03.2017 
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Duneska es ingeniera y poco antes de Navidad conseguía su primer trabajo después de cuatro largos años en paro. Es un contrato temporal como recepcionista de un hotel en Compostela. Los idiomas han tenido mucho peso en el proceso de selección. De origen venezolano, además de español, habla con fluidez inglés y francés y se defiende en gallego. Pero las oportunidades nunca vienen solas. Detrás de esa serenidad que Duneska lleva escrita en el rostro se encuentran las siglas de Cruz Roja Santiago y su Plan de Emprego. “Se aborda cada caso de forma integral. No se quedan únicamente con el currículum”, explica. Vinculada al sector petrolero, en España apenas existían posibilidades de seguir desarrollando su carrera. ¿Y cuáles eran sus competencias? Idiomas y habilidades de comunicación. Según la evaluación de la organización humanitaria, Turismo se perfilaba entonces como el área idónea para reincorporarse al mundo laboral.

Reciclarse era el único camino y Duneska se matriculó en un curso teórico-práctico que organizaban Cruz Roja y el Centro Superior de Hostelería de Galicia (CSHG). Mientras tanto, iba subsistiendo con los escasos ingresos que obtenía de impartir clases particulares o de sus colaboraciones como azafata de eventos. Entre unas cosas y otras, el contrato de recepcionista no tardó en llegar. A Cruz Roja le debe mucho. “Ha sido mi casa en los momentos más duros. Cuando acabas de llegar a España, hay un período en el que te sientes muy solo, aunque estés rodeado de mucha gente”, advierte. “Ellos te orientan, te aclaran el panorama para empezar a andar y te alejan de las cosas negativas”, continúa.

VOLUNTARIADO EN ANDALUCÍA
Corría 2005 cuando Duneska decidió irse de su país de origen para participar en un proyecto de investigación de una universidad andaluza. Su madre tiene raíces canarias y, aunque no conservaba ningún vínculo con España, el trabajo le resultó atractivo y se lanzó. Duró cuatro años. La idea de regresar a Venezuela no encajaba en sus planes y empezó la tediosa tarea de buscar otro empleo. Probó suerte en el INEM, se especializó en Sistemas de Gestión de Calidad y tocó por primera vez a las puertas de Cruz Roja para hacerse voluntaria. Vinculada al área de Juventud, colaboró en la Operación Paso del Estrecho, participó en talleres lúdico-educativos y echó una mano en un programa de visitas a inmigrantes en situación de riesgo.

Por avatares del destino que prefiere no recordar, en 2012 dio el salto a Galicia y se instaló en Boiro. Con permiso de residencia vigente, la contrataron en una academia para impartir clase de Física, Química y Matemáticas. Era un puesto precario y no tardó demasiado en estudiar nuevas oportunidades. Retomó el contacto con la organización humanitaria, pero sus circunstancias personales la obligaron a cambiar el programa de Voluntariado por el de Empleo. En Santiago lleva menos de un año. “Me siento muy a gusto. Se parece mucho a mi ciudad natal, Mérida. También tiene Universidad y el sector turístico es muy importante”, celebra.