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Rosario Porto no logra vender el chalé de Teo pese a bajar el precio inicial a la mitad

La casa familiar comprada por los abuelos maternos de Asunta, principal escenario del asesinato de la niña, se ofrece ahora por 500.000 euros // Otros inmuebles ‘malditos’ continúan en el dique seco

El chalé de Rosario Porto en Montouto, principal escenario del crimen de Asunta, sigue a la venta.  - FOTO: A. Hernández
El chalé de Rosario Porto en Montouto, principal escenario del crimen de Asunta, sigue a la venta. - FOTO: A. Hernández

FERNANDO GARCÍA SANTIAGO  | 15.03.2017 
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Encontrar un comprador para una casa que ha sido el escenario de un crimen no es una tarea fácil. La finca de las Quemadillas en Córdoba, donde José Bretón mató a sus hijos, o el chalé de los crímenes de Pioz, en Guadalajara, son algunos ejemplos de ello. Están a la venta pero nadie los quiere comprar. Lo mismo sucede con el chalé de Rosario Porto en Montouto, escenario principal del crimen de Asunta. Según publica en su último número la revista Interviú, en el reportaje Se venden las casas del crimen, la vivienda comprada por los abuelos maternos de Asunta se ofrece ya a la mitad de su precio de salida, que rondaba el millón de euros, tal y como publicó en 2013 EL CORREO GALLEGO. Pese a esta rebaja, la prolongada sombra del crimen dificultan cualquier operación de compra-venta.
La casa, de 400 metros cuadrados construidos en una finca de 10.000, tiene cinco habitaciones, cinco baños, cocina (office), lavadero, comedor, terraza, jardín, garaje, calefacción, muebles, puerta blindada, chimenea, piscina o cancha de tenis, además de cuatro salones, bodega, lareira y un hórreo. El inmueble ya estaba a la venta mucho antes del asesinato de Asunta, cuyo cadáver fue hallado la noche del 21 de septiembre de 2013 en una pista forestal de Teo, a tan solo cuatro kilómetros de la casa familiar de Montouto, donde, según recoge el fallo del caso, en un momento comprendido entre las 18.33 y las 20.00 horas del 21 de septiembre de 2013, Rosario Porto y Alfonso Basterra “asfixiaron a su hija por medio de la compresión que le aplicaron sobre la boca y la nariz y en un momento próximo a la muerte de la menor, la ataron por los brazos y los tobillos por medio de unas cuerdas plásticas de color naranja”.

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