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Busto: la iglesia que guarda retablos barrocos como trapos

El Consorcio saca a concurso las obras para arreglar el tejado y las fachadas del templo, pero los valiosos conjuntos siguen tirados en una caseta a la espera de tiempos mejores // “Agora son un estorbo e non sabemos que imos facer con eles”, denuncian los vecinos

Manuel Rial, presidente de la asociación de vecinos, mostrando los retablos abandonados en una imagen de archivo - FOTO: Fernando Blanco
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Manuel Rial, presidente de la asociación de vecinos, mostrando los retablos abandonados en una imagen de archivo - FOTO: Fernando Blanco

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 26.04.2017 
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Tienen historia y valor artístico. Salieron seguramente de aquellos talleres que había en Compostela en el segundo tercio del siglo XVIII. Pero no presiden altar alguno y desde hace tres décadas permanecen olvidados en una caseta anexa a la iglesia de San Pedro de Busto. De poco sirvieron las presiones vecinales de tres años atrás. Hasta ahora. Con un importe de 35.385 euros, el Consorcio acaba de sacar a concurso las obras para arreglar el templo y la casa rectoral. Habrá intervenciones en las fachadas, el tejado y también en la torre del campanario. Propiedad del Arzobispado, los dos retablos barrocos siguen esperando su turno. “Están como estaban hai 30 anos. Agora queremos arranxar a caseta e montar un servizo. Son un estorbo e non sabemos moi ben que imos facer con eles. Acabaremos meténdoos dentro da igrexa”, advierte a elcorreogallego.es el presidente de la asociación de vecinos Campo das Escolas, Manuel Rial Boquete.

Los retablos cayeron en desgracia entre finales de los 80 y principios de los 90. Era entonces cuando el santuario que les daba cobijo se sometía a una de las reformas más ambiciosas de su historia. Con los tres millones de las antiguas pesetas que aportó el Arzobispado y otras 25.000 que pusieron los feligreses, se sustituyó el viejo suelo de madera por otro de piedra. “Eu mesmo fixera a obra”, recuerda el portavoz de la parroquia situada al norte del municipio, en el límite con Oroso. Para evitar daños durante la actuación, se retiró todo lo que había dentro.

Pero los conjuntos barrocos nunca volverían a su ubicación original. Con menos de medio siglo, el que presidía el altar mayor se destruyó porque -según recuerdan los vecinos- carecía de valor. Los otros dos fueron a parar a manos de un parroquiano que, pese a sus buenas intenciones, acabó causando un perjuicio irreparable en las piezas. Pintor de profesión, quiso restaurarlos y aplicó los materiales y colores que mejor le pareció sin supervisión técnica alguna. El asunto no tardó en llegar a oídos de la Iglesia. Descontenta con el resultado, prefirió perderlos de vista y los retablos acabaron en el local social. Allí tampoco encajaban y suponían un incordio a la hora de desarrollar las actividades, así que los vecinos los trasladaron a otro espacio menos molesto.

Fueron a parar entonces a la caseta que hay justo al lado del templo, una especie de cajón de sastre en el que cabe casi de todo. Comparten espacio con material de obra, imágenes destrozadas, cajas con botellas vacías, palés y maquinaria en desuso. Durante un tiempo ni siquiera hubo cerradura para blindar el acceso, pero la oleada de robo de cable que se produjo años atrás obligó a los vecinos a poner una puerta reforzada. Y ahí llevan tres décadas. Para dar respuesta a las reivindicaciones vecinales, en 2014 se pidió presupuesto para arreglarlos. Pero el montante "excedía las cantidades económicas de la parroquia", señalan desde el Arzobispado. Según la misma fuente, para los vecinos "la prioridad era el arreglo del templo" a fin de asegurar a posteriori el contenido. 

REFORMA DE LA CASA RECTORAL
“Xa ía sendo hora de que o Consorcio se lembrara de nós”, celebra el portavoz vecinal. “A igrexa está feita un desastre e hai polo menos 30 anos que non se fai un arranxo importante”, añade. Construido en el siglo XII, el templo carece de canalones en algunas de sus fachadas y “presenta problemas derivados da acción das escorrentías da cuberta, así como da salpicadura da auga nos aleiros contra a fachada”, explica el arquitecto de la Oficina Técnica del Consorcio, Xosé Allegue. El proyecto servirá para sanear los frentes y la torre del campanario. Se limpiarán las revocaduras en mal estado y se les aplicará pintura de silicato. También se retirará la suciedad de la piedra y además se instalarán canalones.

También habrá reformas en la cubierta. Simplemente apoyadas en listones de madera, las tejas se levantan con cada temporal. Como consecuencia, entra agua en el interior del templo, lo que supone un grave peligro para la imaginería y el mobiliario que hay en el interior. Además se sustituirá el lucernario de carpintería de aluminio que da acceso a la cubierta para evitar los problemas de condensación. Y en cuanto a la casa rectoral, se reconstruirá la fábrica temporal de piedra de la esquina sudeste que se llevaron por delante los vándalos. Las empresas interesadas podrán presentar sus propuestas hasta el 22 de mayo.