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Juan M. Pérez Alvite, el hombre que soñaba con hacer vino

Después de levantar varios negocios de hostelería por toda España, el empresario natural de Negreira decidió comprar una bodega en la Ribeira Sacra // Este año embotellará la tercera cosecha de un caldo que solo deleitan su entorno íntimo y los que visitan sus locales

El empresario Juan M. Pérez Alvite muestra dos botellas de su cosecha
El empresario Juan M. Pérez Alvite muestra dos botellas de su cosecha

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 08.05.2017 
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Es un empresario hecho a sí mismo, de esos que saben lo que significa empezar desde cero. Juan Manuel Pérez Alvite (Negreira, 1960) lleva el espíritu emprendedor en el ADN y siempre tuvo claro que el esfuerzo sirve para construir grandes historias. De la hostelería lo sabe casi todo. Antes de ponerse al frente de su propio negocio, fue friegaplatos, camarero y lo que tocara según las circunstancias para sacar el trabajo adelante. Con varios locales funcionando a pleno rendimiento en Compostela, Ames, León y Canarias, ha querido darse un capricho y cumplir un sueño: hacer un vino propio. “Siempre me atrajo ese mundo. Pero por unas cosas y otras no había llegado el momento”, confiesa. El primer intento fue en Tenerife. Allí vivió durante muchos años y, además de levantar un negocio que hoy sigue en marcha, conserva una finca con viñedos. Con Galicia tenía una cuenta pendiente que no pudo saldar hasta hace poco.

Pérez Alvite poco sabía de la Ribeira Sacra cuando, en 2014, compró una bodega en Belesar (Chantada), a orillas del Miño. Fue una de esas casualidades que le acabó poniendo delante un tesoro natural cuyos caldos ya se apreciaban en la época romana. “Mi hermano vive en Lugo y también tengo amigos de la zona. Ellos fueron los que me acabaron llevando hasta allí”, admite. Suspendida en un bancal cubierto de viñedos centenarios y con acceso directo al cauce fluvial, el inmueble se ha convertido en su refugio de fin de semana. Por eso, cuando proyectó la rehabilitación, decidió dedicar la primera planta a una pequeña vivienda y acondicionar el bajo como bodega. “Para mí es una válvula de escape, un sitio idílico para desconectar”, recalca.

La bodega de Pérez Alvite se localiza en Belesar (Chantada), a orillas del Miño

Al empresario nunca le bastaron las medias tintas y antes de ponerse a experimentar con la uva contactó con un enólogo de la zona, Roberto Regal. Según los entendidos, es uno de los mejores de Galicia y sabe como pocos meter en una botella todo lo que expresa la tierra. “Empezamos a elaborar el vino con un criterio muy personal, utilizando mencía, tempranillo y garnacha”, explica. Este año se embotellará la tercera cosecha de Feixoada, el nombre que le ha puesto Pérez Alvite a su sueño. Con una media de 1.200 unidades por temporada, es una joya para paladar que llega a pocos afortunados: el entorno más íntimo del hostelero y los clientes de sus locales. “Tiene gran aceptación porque es un producto hecho con mucho cariño”, celebra.

Aunque se escapa a Belesar en cuanto tiene un hueco, mantiene su residencia en Compostela para llevar las riendas de sus negocios. El día a día de la bodega recae en manos de Roberto Regal. “Se ocupa de todo: desde los cuidados de la viña hasta la producción”, relata. Con 5.000 m², en la finca se ha ido poniendo cepa nueva para reforzar la cosecha de la antigua plantación. “En un par de años esperamos llegar a las 2.500 botellas”, continúa. El empresario cruza los dedos para que los contratiempos del campo no frustren sus planes. Por ahora, siempre ha salido impune frente a los castigos que vienen sufriendo otros viticultores. “En esta ladera en concreto no nos afectaron ni las granizadas y el hongo del año pasado, ni las heladas de hace un par de semanas”, advierte.

FIRMA PERSONAL

Después de poner tanto mimo en el contenido, el envoltorio no podía quedarse atrás. No en vano, la etiqueta que presenta cada botella es algo más que una declaración de intenciones. Ahí figuran las experiencias vitales de Pérez Alvite. El lapislázuli simboliza un viaje inolvidable a Chile, la piedra volcánica del Teide atestigua sus vínculos con Canarias, las monedas son un guiño a la carrera profesional de su hijo economista, y el silbato rinde homenaje a sus hermanos, jugadores de fútbol. También hay una brújula en memoria de una escapada familiar al Amazonas.

Al hostelero no se le pasa por la cabeza comercializar el caldo que hace con tanto esmero en su bodega de la Ribeira Sacra. Le basta con que figure en la carta de sus locales y con hacer realidad su pasión.