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San Martiño Pinario quiere recuperar los ungüentos de la antigua botica

La idea es contrastar con un laboratorio las fórmulas que desarrollaron siglos atrás los monjes y fabricarlos de nuevo para ponerlos en venta

La antigua botica es uno de los espacios que descubre la visita al museo de San Martiño Pinario - FOTO: Arxina
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La antigua botica es uno de los espacios que descubre la visita al museo de San Martiño Pinario - FOTO: Arxina

ELVA OTERO. SANTIAGO  | 11.05.2017 
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Probetas y frascos de cristal de diferentes tamaños, algunos con etiquetas en las que todavía se intuye la composición de antiguos ungüentos y sólidos tarros de porcelana estampados que a duras penas resisten el paso del tiempo. Es la vieja botica de San Martiño Pinario, otro de los secretos que atesora el museo del conjunto religioso. En alguno de los recipientes figura una inscripción que atribuye la autoría de los brebajes al Seminario Conciliar, una poderosa institución que en el siglo XIX abandona su ubicación original -el actual instituto Rosalía de Castro- para instalarse en el edificio de la praza da Inmaculada.

El laboratorio empezó a funcionar mucho antes. “Lo llevaban los monjes. Tuvo incluso un punto de atención al público para compostelanos y peregrinos, ya que muy cerca se encontraba el Hospital Real de Santiago (hoy Hostal de los Reyes Católicos)”, explica a elcorreogallego.es el responsable del centro, José Antonio Otero Paradela. Hay que remontarse al siglo X para conocer los orígenes del monasterio. En manos de la comunidad benedictina, se convertirá en un actor de peso en el noroeste peninsular durante la Edad Media y su dominio territorial abarca las cuatro provincias e incluso toca León. Pero con la desamortización de Mendizábal, a partir de 1835, los frailes tuvieron que irse y el monumental inmueble empezó a ir a menos. Además de reconvertirse en sede del Seminario Mayor, hoy alberga otras instituciones como el Archivo Histórico Diocesano, una hospedería y el museo.

Arxina
José Antonio Otero, responsable del museo, muestra un panel que sintetiza cómo transcurría la vida cotidiana en el monasterio siglos atrás
FOTO: Arxina

CIRCUITOS TURÍSTICOS
Para evitar que el saber de los monjes caiga en saco roto, San Martiño Pinario quiere contrastar con un laboratorio las fórmulas de los antiguos ungüentos. “La idea es fabricarlos de nuevo bajo una patente propia para después comercializarlos”, avanza Otero. El producto encajaría en una futura tienda en la que también se venderían los grabados de la imprenta -otro de los atractivos del museo-, postales, corbatas y otros artículos de merchandising. “Pero no hay recursos”, lamenta el responsable. Los plazos dependen de que el Arzobispado reúna el presupuesto suficiente para llevar a cabo más proyectos. Mientras tanto, vuelcan sus esfuerzos en diseñar una programación con gancho para conseguir que el espacio se integre en los circuitos turísticos.