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AILOLAILO

Pelotazos inmobiliarios y viviendas dignas

DEMETRIO PELÁEZ CASAL   | 17.10.2006 
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Alos vecinos de Cornes les asistirá la legalidad o no, asegún le dé la ventolera al juez que dirima su caso, pero todo indica que tienen más razón que un santo cuando reclaman la titularidad de unos terrenos que les fueron expropiados a sus familiares por los tiempos de María Castaña.

Han pasado muchas décadas desde aquella expropiación, pero lo que no tiebe recibo es que ahora el Estado se vaya a embolsar un pasta muy gansa por la venta de dos parcelitas que en su día arrebató a los citados vecinos, por supuesto a cambio de poco más que caca de la vaca, con la excusa de construir sobre ellos un bien público, o sea, la estación de ferrocarril instalada en el barrio.

Las expropiaciones son casi siempre necesarias, hasta ahí todo bien, o más o menos bien, pero lo injusto es que ahora el mismo Estado expropiador quiera vender, con una clarísima intención especulativa, dichas parcelas, para las que ha fijado un precio mínimo de más de seis mil euros por metro cuadrado. O sea, un milloncejo de pesetas por cada chocolatina de solar molón, que ya le llega al pavo.

¿Cuál será el próximo paso? Que algún constructor comprará ambas parcelas y se forrará vendiendo a precio de oro los pisos first-class, sólo aptos para ricachones o gente normal dispuesta a firmar un hipotecón del copón a 75 años vista, que construya sobre ellas. Y mientras tanto el Estado, que tanto habla de la necesidad de liberar suelo y de promocionar la construcción de viviendas protegidas, sigue dando unos pelotazos de escándalo en cuanto te despistas lo más mínimo. Jeta que tienen la Trujillo ysus palmeros, aunque no más que la de los anteriores gobiernos.

Los único cierto es que aquí las empresas estatales se forran a costa de expropiaciones que liquidan por cuatro chavos; las promotoras, con la excusa de que el suelo está muy caro y eso les impide sacar al mercado pisos ajustados de precio, se embolsan también lo que no está en los escritos, y los únicos perdujicados de esta absurda política siguen siendo los pringuis, los canelos y los ilusos que se creyeron el artículo de la Constitución según el cual todos los españoles tienen derecho a una vivienda digna. Jua, jua. Por lo que se ve, la dignidad aquí sólo se consigue con dinero y a costa de dejarte los higadillos en hipotecas leoninas en las que la mitad del importe va a parar a manos de los especuladores del suelo, la barriga de los promotores del ladrillote y las malditas tasas estatales, como el sangrante Impuesto de Transmisiones Patrimoniales, por el cual un pisejo de segunda mano te cuesta un 7% más por la cara.

Que les zurzan. Y punto.