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TELÓN DE FONDO

Los grises cumplen 50 años

Varias generaciones de hombres y mujeres corrieron delante de ellos para reclamar el fin de la dictadura franquista // Hoy, la Policía Nacional constituye uno de los más sólidos baluartes en la defensa de las libertades democráticas

POR XAVIER NAVAZA   | 11.10.2008 
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EFE
Barcelona, febrero de 1976: una imagen que dio la vuelta al mundo, mostrando la cruda realidad española
FOTO: EFE

La Jefatura Superior de Policía de Galicia fue creada por decreto el día 31 de octubre de 1958. Antes, en A Coruña sólo había una Comisaría Provincial que dependía de la Jefatura Superior de Policía de Vizcaya. Pero desde mediada la década de los años cincuenta, la oposición democrática a la dictadura comienza a organizarse poco a poco en la clandestinidad y el régimen franquista decidió reforzar aún más su formidable aparato represivo.

Un acontecimiento que grabó a fuego aquella presencia en nuestra tierra fueron los sucesos del 10 de marzo de 1972 en Ferrol, cuando dos trabajadores de los astilleros Bazán mueren por disparos de la Policía Armada: se trata de Amador Rey, de 38 años, casado y padre de cuatro hijos, y Daniel Niebla, de la misma edad y casado. Otras 36 personas resultaron heridas, dos de ellas muy graves.

Eran los últimos años del franquismo y el régimen acentúa la represión ante las crecientes protestas de obreros y estudiantes, utilizando a los grises como brazo represor en la primera línea del frente. Pocos años después, en 1976, ya muerto Franco, volvieron a protagonizar acontecimientos trágicos como los sucedidos en Vitoria y se empeñaron a conciencia en la represión de las primeras demandas masivas a favor de las libertades, la amnistía y los estatutos de autonomía.

Fueron la cara más visible de la dictadura. Golpearon a obreros, estudiantes, políticos, intelectuales y a cualquiera que saliera a la calle para amagar con la más mínima señal de protesta. Concitaron el odio y la animadversión de varias generaciones de españoles que corrieron delante de aquellos hombres de uniforme inconfundible que defendían la dictadura a porrazos, cuando no a tiro limpio.

Sus orígenes estaban en una ley del 8 de marzo de 1941, que organizaba los servicios de Policía de la dictadura, entre ellos la denominada Policía Armada: "Instrumento vigilante y represivo de tipo permanente", rezaba sin eufemismos el texto legal que la ponía en marcha.

El primer día en que los nuevos policías armados salieron a las calles de Madrid con sus flamantes uniformes coincidió con la visita a la capital española de Heinrich Himmler, el jefe de las siniestras SS hitlerianas, que había venido a este país para colaborar con las autoridades franquistas en la organización de la nueva Policía española.

HIMMLER, IDEÓLOGO

El comienzo se inspiró en el III Reich

Heinrich Himmler era partidario de ideologizar la nueva Policía al máximo y vaya si lo logró: el día de su presentación oficial, los madrileños confundieron a los nuevos agentes con la escolta del general nazi, cosa, por otro lado, nada extraña, ya que el uniforme estaba inspirado en el germánico, con su característico color gris.

El diario Arriba de aquel día reclamaba "una Policía severa y sólida como la existente en el III Reich" e indicaba -refiriéndose al artífice de la solución final, que costó la vida a más de seis millones de judíos- que "con hombres como Himmler llegan a su cénit los estados fuertes". Su emblema era el águila nimbada de San Juan Evangelista, que portaba en sus garras el yugo y las cinco flechas y encomendando así a la Policía Armada a la "defensa y protección de los valores e ideales inspiradores del régimen".

En los años cuarenta y cincuenta se les tenía un miedo tremendo y el aparato represivo estatal no permitía el menor desorden: bastaba que un miembro de la Policía se levantase de su asiento en un campo de fútbol y mirase hacia las gradas, para que los espectadores guardaran el más absoluto silencio.

La llamada Ley de la Policía de 4 de diciembre de 1978, aprobada siendo presidente del Gobierno central Adolfo Suárez e impulsada por el entonces ministro de la Gobernación Rodolfo Martín Villa, fue una reforma que se quedó a medio camino entre lo que aún exigía el aparato policial heredado de la dictadura y las verdaderas necesidades de un país que avanzaba hacia la plenitud de las libertades democráticas.

Aquella reforma hizo, sin embargo, la siembra del futuro hacia un cambio en profundidad que no tardaría cobrar cuerpo. La Policía Armada pasó a llamarse Policía Nacional y los grises cambiaron su uniforme por el marrón: era necesario que la transformación legal y nominal estuviese acompañada por un cambio visual en la indumentaria.