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CARLOS LUIS RODRÍGUEZ

La lengua del fariseo

07.09.2008 
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Que sólo el veintipico por ciento de los alumnos que llegan a la ESO tengan el gallego como lengua habitual no es un dato facilitado por el Club Financiero de Vigo, Galicia Bilingüe, o cualquier otro ente o persona sospechosos. El porcentaje no forma parte de un complot destinado a minar la normalización, como pudiera creerse, sino que procede de fuentes fiables.

Lo suministra el Instituto de Ciencias da Educación de la Universidade compostelana, a petición del Consello da Cultura Galega, dos instituciones de confianza en la materia. La cifra es sorprendente, pero todavía lo es más la conclusión a la que llegan los autores y patrocinadores del trabajo. ¿Conclusión? Más bien se trata de un férreo apriorismo contra el que nada pueden los estudios objetivos sobre la realidad.

De acuerdo con el dato, el ochenta por ciento de los chavales que ingresan en la ESO estarían siendo en parte escolarizados en un idioma que no es el suyo. Pueden escandalizarse lo que quieran los fariseos del lugar, pero la realidad es que para esos alumnos el gallego viene a ser una lengua adoptiva o postiza. De acuerdo, esa situación se debe a antiguas opresiones, a penosas persecuciones, es culpa de Isabel y Fernando y producto del franquismo. ¿Y qué?

Se puede estar de acuerdo en que esa injusticia histórica hay que vengarla, mediante políticas activas de recuperación del idioma perseguido y prohibido, siempre y cuando esas políticas no ignoren lo que pasa en la calle, y no antepongan la ideología a la pedagogía, que es lo que se hace en las conclusiones expuestas por los amigos del Instituto y el Consello da Cultura.

Para ellos, es preciso profundizar más y más con la normalización, como si fuera una plataforma petrolera. Es decir, que no hay que adaptar la política lingüística que se sigue en la escuela al dato que nos dan, sino que son los niños no normalizados, el ochenta por ciento, los que tienen que amoldarse a lo que dicte la política lingüística. ¿Para qué gastar esfuerzos en estos estudios, si los dogmas son inamovibles?

La radiografía que se nos presenta va más allá. Nos dice por ejemplo que abundan los profesores de gallego que fuera de las clases le hacen el caldo gordo a los Reyes Católicos hablando en castellano, y que vuelven a ser mayoría los escolares que en su entorno familiar tampoco recurren al gallego. Pero es inútil. Todo eso, en vez de animar una reflexión cauta, sin tópicos, sobre la normalización, sirve para reclamar más controles, más medidas, más severidad contra esta sociedad que no se deja.

Apena ver a gente tan ilustre convertida en rehén de ese tipo de ideología mistificadora a la que Carlos Marx dedicó brillantes páginas. Se refería él a esa ideología que, en lugar de servir para entender mejor la realidad circundante, la disfraza, la oculta, la camufla con los propios prejuicios. Aquí hemos grabado en las tablas de la ley de la nueva Galicia autogobenada que la normalización es un ídolo al que hay que sacrificar todo, incluso el sentido común.

El sentido común dice que si la sociedad gallega lleva tiempo oponiendo una resistencia pasiva a la normalización, no hay que reñirle como si fuese un niño malo, sino procurar entenderla. Se está haciendo lo contrario. Los normalizadores se parecen al que entra en la autopista en dirección contraria, y se sorprende de la cantidad de coches que circulan equivocados.