El Correo Gallego

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DEMETRIO PELÁEZ

Los okupas son los buenos

31.05.2017 
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CENTRO SOCIAL. Así llaman los nuevos progres al chiringuito que tenían montado varios okupas, desde hace años, en una casona de la Algalia de Arriba, donde se celebraban a menudo unos fiestorros de mucho cuidado. Centro social, jue, jue. Vaya jeta. Eso sí, los chicos de Compostela Aberta, que son muy modernos y quieren imitar cada vez más a su musa Ada Colau, empezaron ayer desde primera hora a mover las redes sociales en busca de apoyos para unos supuestos activistas sociales y culturales que, según el grupo municipal que gobierna la capital gallega, “non presenta ningún problema de convivencia coa veciñanza”.
No, qué va. Y aunque realmente no hubiese tales problemas, lo que no puede hacer un alcalde, sea del grupo que sea, es defender una ilegalidad como un piano y encima poner a parir a unos funcionarios, los que integran las fuerzas del orden, que tan solo se limitaron a hacer cumplir una orden judicial a todas luces justa. Porque en una sociedad democrática, por mucho que Martiño y compañía lo pongan en duda, ocupar una propiedad ajena es una ilegalidad y debe resolverse como se ha resuelto en esta ocasión. Es decir, no echando a los okupas a patadas por parte del dueño del edificio y sus primos cachas, sino a través de un proceso judicial pacífico y perfectamente garantista.
Además, hay que saber diferenciar con sentidiño lo que es una okupación por necesidad de lo que es un mero acto dirigido a poner en entredicho un sistema administrativo, legal y judicial que ha costado mucho asentarlo. Y eso, no lo olvidemos nunca, es lo único que pretenden los antisistema de pacotilla y los okupas de ocasión que tanta admiración despiertan entre los Martiños y Colaus de la vida.
A los pobres de necesidad hay que proporcionarles techo gratis, comida caliente, mucha comprensión y lo que haga falta. Pero a los listillos que montan falsos centros sociales en casas okupadas de forma ilegal lo que hay que hacer es, como se ha hecho, aplicarles la ley y exigirles responsabilidades. Y los alcaldes que defienden las ilegalidades y siembran dudas sobre las actuaciones de jueces y policías, como es el caso de Noriega, deberían abandonar de inmediato un cargo para el que son indignos. Hala, que vaya desokupando.

El autor es periodista