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ABEL VEIGA

Okupa. Algo queda

01.06.2017 
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LAMENTABLE la violencia, el vandalismo y el atropello a todo civismo, a toda ciudadanía. Lo vivido en Compostela estos días a propósito de la ocupación de la casa de la Algalia y el desalojo de los ocupas y los disturbios que se generaron debe hacernos reflexionar. A todos, pero también a la sociedad civil, o llamémosla simplemente, sociedad. Nadie está por encima de la ley. Tampoco de las propiedades. Es posible, como algunos han aseverado, más allá de sus responsabilidades de gestión o gobierno, que la casa de Algalia, ocupada, no presentase problemas de convivencia o de seguridad. Pero olvidamos lo obvio, la premisa, se trata de una ocupación, ilegal, ilegítima frente a la posesión pacífica de sus verdaderos dueños y propietarios por tanto que pueden hacer y dar el uso que consideren conveniente, dentro de la convivencia y salubridad. Etc.

Por mucha reminiscencia histórica que el edificio presentase en el ámbito de lo cultural y nuestras tradiciones, no puede justificar en modo alguno, cuando las partes, dueños y anteriores inquilinos, resolvieron el contrato de alquiler por razones que solo a ellos les compete conforme a la legalidad, la ocupación posterior que se produce en 2014. Menos anclarla en motivos culturales, tradiciones, y espacios alternativos de cultura. Sobre propiedad ajena, lo alternativo, no es ocupar ilícitamente lo que no pertenece a uno o no tiene su autorización.

La violencia generada, orquestada y preparada de antemano, pues solo así se puede justificar que se hubieren distribuido panfletos sobre qué hacer, cómo comportarse, qué exigir, qué declarar o no, qué denegar pruebas etc., indica que nada se ha dejado al azar ni a la espontaneidad. El destrozo de mobiliario urbano, el uso de bengalas, de material metálico, etc., no es algo casual. Los daños ocasionados a otros vecinos y locales de negocio, el deterioro de la imagen de convivencia pacífica y amable de la ciudad ha sido dañado. No hay que buscar medias tintas ni verdades disimuladas. Las normas están para cumplirse, para respetarse, y lo están para todos, estemos en el rol, situación o lugar en el que estemos.

Pensemos mucho el tipo de ciudad que queremos y qué representa Santiago para el mundo y para los compostelanos. Mirar hacia otro lado, daña. Conductas permisivas y abrazadoras de quiénes no están dispuestos a acatar otra ley y norma que la suya propia, pisoteando derechos de convivencia, daña. Y mucho. Y cuando el daño llega a una cima, se hace irreversible, y con él, el deterioro de la imagen de una ciudad y unos vecinos. Pero claro, no tapies una propiedad tuya para evitar que la ocupen. Igual te sancionan. El mundo dislocado.

Profesor universitario